no disparen al mensajero

22 mayo, 2012

Entrevista a Boris Miranda, periodista boliviano de Página 7

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“La incorporación oficial de los indígenas es un camino que ya no tiene retorno”

Empezó sus andaduras periodísticas en La Prensa, uno de los rotativos más importantes de La Paz. Allí, Boris Miranda estuvo trabajando durante más de dos años en la sección de Política, y luego saltó a Página 7, un diario de nueva creación. Actualmente escribe reportajes, hace investigaciones y participa en el suplemento político del domingo. Miranda ha tenido el privilegio de viajar por todo Bolivia gracias a su trabajo, y en su haber se haya, entre otros, el Premio Nacional de Periodismo de 2010 por un reportaje sobre la sequía en la zona amazónica.

¿Qué es lo que aún le sorprende de Bolivia?

Que nunca deja de sorprenderme. Por ejemplo, tras vivir en 2008 una etapa muy traumática de tensiones políticas y creyendo que con el nuevo y fuerte gobierno de Evo Morales no se vivirían episodios parecidos, nos encontramos con un conflicto dentro del mismo sector social que ahora gobierna el país. Aquí aún hoy surgen episodios que uno nunca se hubiera imaginado.

¿Pero Bolivia le sorprende sólo a nivel político o también a nivel social?

No sólo a nivel político. Este es un país que se ha armado a parches y atando soluciones a corto plazo, y por lo tanto nunca va a ser aburrido.

¿Cómo se puede explicar que Bolivia sea el país más rico de América en materias primas y sus habitantes se encuentren entre los más pobres?

Bolivia es un país que va de quimera en quimera: primero era la minería y la plata; luego el estaño; más tarde fueron los hidrocarburos y ahora el litio y potasio. Siempre tenemos alguna cosa con la que soñar. El problema es que nunca ha habido un proyecto serio de Estado con un horizonte claro, más bien hemos sido producto de las corrientes internacionales que se han ido imponiendo. Nunca se han atendido las características propias del Estado boliviano.

¿Existen hoy día los cimientos para crear un Estado serio?

Hay un horizonte. Parece que ahora se cumplen los requisitos para formar un Estado fuerte y acorde a las características propias del país. Sin embargo, nos encontramos en un proceso de crisis de identidad y el mismo Estado es un centro de debate y luchas internas en las que confluyen corrientes contradictorias. Pero gracias a la nueva Constitución de 2009 sí que existe un horizonte que antes se desconocía.

Parece pues que las luchas internas impiden que el país avance y el partidismo ahoga el proyecto nacional.

Claro. Incluso el propio partido de gobierno tiene facciones muy encontradas que no se terminan de poner de acuerdo, y lamentablemente tenemos unos liderazgos que no dan una ruta clara hacia donde avanzar. Más allá del liderazgo de Evo Morales no existen caminos definidos.

¿En qué ha mejorado estos últimos años el país?

Por ejemplo, en la incorporación oficial de los indígenas, un camino que ya no tiene retorno. Ha habido también otros logros sociales, como que un millón de personas hayan superado la brecha de la pobreza o el fortalecimiento de la clase media. A pesar de todo, la riqueza sigue estando muy concentrada y es una asignatura pendiente.

¿Ha empeorado en algo?

Sí. Lo primero que me viene a la mente es el narcotráfico. En algunas zonas empiezan a haber asesinatos selectivos, secuestros…ya hay poblaciones tomadas por el narcotráfico donde los pobladores están de acuerdo por el beneficio económico que supone para estos pueblos.

Es debe tener relación con que el gobierno de Morales echara del país a la DEA norteamericana…

La salida de la DEA ha tenido consecuencias negativas pero también positivas. Lo que sucede ahora se debe más al empoderamiento de los cocaleros, que han atraído a bandas. Sólo el año pasado se detuvieron a más de 3.000 extranjeros por delitos relacionados con el narcotráfico. Las principales redes latinoamericanas de narcotraficantes ya tienen presencia en Bolivia.

¿Esta sería la principal asignatura pendiente del país?

No. La gran asignatura pendiente sigue siendo mejorar la calidad de vida de la gente y redistribuir más y mejor la riqueza; generar trabajo. Sin embargo, no podemos cerrar los ojos con lo que está pasando con el narcotráfico.

¿Cómo valora la primera legislatura de Evo Morales (2006-09)?

Ha sido una etapa complicada ya que tenia que desmontar el viejo Estado. Durante estos años, su partido casi no ha tenido tiempo de gobernar, ya que dedicaba todo los esfuerzos a defenderse. El gobierno sufrió conspiraciones muy importantes para desestabilizar el proceso político y generar un mal ambiente en las Fuerzas Armadas, por ejemplo. Ese periodo acabó con una apoteósica victoria en 2009 que se tradujo en una aprobación de más del 60% y con el control de las dos cámaras legislativas.

El legado de Evo Morales, como mínimo más allá de las fronteras, pasará a la historia por haber incorporado a la sociedad las comunidades indígenas. ¿Qué más logros ha tenido el presidente que tal vez no hayan trascendido a la prensa internacional?

En su primer mandato Evo Morales cumplió con sus principales tareas recogidas en la ‘Agenda de Octubre’, que eran la nacionalización de los hidrocarburos y la refundación del país, finalizada con la aprobación de la Constitución del 2009. Esos cometidos los cumplió en la forma, pero ahora falta por ver que la nacionalización de los recursos dé sus frutos y que la nueva Constitución se ponga plenamente en vigencia y se apliquen los 411 artículos.

¿Se ha empezado a notar la redistribución de la riqueza gracias a la nacionalización de los hidrocarburos?

Sí que se nota. La renta petrolera ha generado que los presupuestos del Estado se disparen, y las provincias que generan el gas y el petróleo han cuadriplicado su presupuesto anual. Se han empezado a crear bonos para que los niños vayan a la escuela; bonos para las madres en etapa de lactancia; para la gente de la tercera edad etc. El sistema de redistribución, sin embargo, aún está pendiente.

¿Hay peligro de que se incremente la corrupción ahora que el gobierno manejará más recursos económicos?

En cierta manera, sí. En Bolivia, en los últimos años, se han creado nuevos ricos después de trabajar en el aparato estatal. Hay corrupción, reconocida por el propio gobierno. Según el último informe de transparencia internacional, la corrupción en Bolivia ha vuelto a crecer, y es porque una serie de escándalos han empezado a salir a la luz.

Miranda en la sede de Página 7. A sus pies, La Paz.

¿Cree que el gobierno ha perdido el talante dialogante con los sectores críticos de la población?

Todo el tiempo el gobierno hace valer su poder en las cámaras, y es muy recurrente el error de no escuchar ninguna protesta hasta que se les viene encima. Siempre pretenden deslegitimar cualquier movimiento y desautorizar a los dirigentes. Y eso no les está saliendo bien. Lo vimos cuando se manifestaron los indígenas, los discapacitados o los obreros. Primero deslegitiman pero acaban cediendo cuando la cosa se pone muy fea.

¿Qué popularidad tiene actualmente el presidente Evo Morales?

Ha caído a la mitad desde enero de 2010, cuando llegó a tener una aprobación del 70%. Es inocultable que el presidente ha perdido popularidad y el respaldo de su plataforma política, formada por obreros, cocaleros, campesinos, indígenas y mineros.

¿Cree que el presidente ha querido hacer demasiadas reformas y demasiado rápido?

Cuando llegó al poder su equipo planteó: o cambiamos las cosas poco a poco o lo cambiamos todo de golpe. Y eligieron la segunda opción y hacer una revolución. Creo que es como debía darse, era necesario desplazar al sector político que gobernó durante las últimas décadas. El país no estaba para seguir esperando.

¿Qué me dice de los grupos de la oposición?

El problema es que no tienen proyecto de país y han quedado fuera de juego con la aparición de nuevos protagonistas en la arena política como los movimientos sociales, que ahora son decisivos para aprobar las políticas. Creo que el que derrote a Evo Morales va a salir del propio MAS (partido de Morales).

Hablemos ahora del rol de Bolivia en la región. ¿Cuenta más que antes?

La sola llegada del presidente Evo Morales puso al país en el mapa. Se generaron cambios y conflictos que metieron al país en el escenario internacional. Bolivia tiene ahora mayor participación en los organismos internacionales, y aunque su eco no es decisivo, por ser una economía pequeña, se escucha más a Bolivia que antes, sin duda.

¿Cómo valora la relación que tiene con Brasil?

Este es un tema complicado. Brasil sostiene buena parte de las inversiones extranjeras que se hacen en el país. Hay muchos analistas que hablan de un sometimiento del proyecto de Estado de Bolivia hacia el proyecto geopolítico de Brasil, que quiere controlar la región y llegar al Pacífico. Brasil tiene demasiada fuerza, y ya existen indicios de que los mandatarios bolivianos se empiezan a someter a sus deseos, sirva como ejemplo la carretera del Tipni.

¿Y qué me dice de la buena sintonía que mantiene Evo Morales con Chávez , los hermanos Castro o Correa?

El eje que se ha conformado en Sudamérica me parece saludable, incluso la relación con Cuba ha traído cosas buenas para el país. Me parece positivo que se cree un bloque sólido. Sin embargo, las relaciones peligrosas y oscuras que tiene Bolivia con Irán o tenía con la Libia de Gadafi, son distintas.

¿Recuperará algún día Bolivia el acceso al pacífico que perdió en beneficio de Chile?

Con Chile este asunto siempre ha sido muy tramposo. Se han evaluado propuestas como un corredor o ceder un enclave a Bolivia, pero nunca ha habido ni estudios de viabilidad ni ningún documento por escrito. Todo esto ha obligado a Bolivia a presentar una demanda delante del tribunal de La Haya. Habrá que ver cómo termina todo.

A parte de esta relación tensa con Chile, parece que el país tenga buena relación con los demás países limítrofes.

Sí. Podemos decir que en vecindario no hay tensiones.

¿Y qué trato mantiene con España? Sin duda alguna aquí aún se tiene muy presente la etapa colonizadora, que tantos agravios dejó.

Existe recelo hacia lo español. Hay una educación que sataniza el proceso de colonización española así como el conflicto del Pacífico con Chile. Bolivia no es un país xenófobo hacia España, más allá de alguna susceptibilidad o actitud. A nivel estatal, la relación entre ambos países parece estable y cordial.

Muchos bolivianos fueron a España hace unos años en búsqueda de un futuro mejor. ¿La crisis económica española pude repercutir negativamente en la economía boliviana?

Se ha hecho una estimación de las remesas que se recibían procedentes de España y sólo han caído un 20%, según un estudio reciente. Lo que sí preocupa en Bolivia es la cada vez mayor restricción que existe en Europa para con los ciudadanos bolivianos que quieren viajar al viejo continente. Sigue existiendo gente que piensa que el futuro está en Europa.

¿En qué podría destacar económicamente en un futuro este país, a parte de exportando materias primas?

Tendría que afrontar de una vez un proceso privado de industrialización de la agricultura. Seguimos siendo el país bananero que exporta materia prima y luego importa el producto manufacturado más caro. La madera o el agua son recursos importantes que también tenemos. Además, creo que debería ordenar la situación del comercio informal, que maneja muchos millones que no se someten al fisco.

¿Cuál es el estado de salud del periodismo en Bolivia?

Actualmente atraviesa momento difícil, no sólo por el descredito general que tiene el periodismo a nivel global, si no porque tiene que rencontrarse con el país. Aquí nunca se escribió sobre indígenas o campesinos que decidían qué hacer con las subvenciones. Así que la nueva generación tiene que acostumbrarse a un nuevo universo de Bolivia, con nuevos actores y protagonistas. Más allá de esta adaptación, aquí no hay una oferta plural de calidad, y la independencia de los medios no deja de ser un sueño.

¿Se pueden llevar a cabo investigaciones periodísticas con seguridad?

El narcotráfico todavía no ha matado ningún periodista, pero siento que eso sucederá algún día. Sí ha habido, en cambio, muertes sospechosas a manos de clanes políticos. Bolivia aún está lejos de lo que sucede en países como México o Perú. Aquí no existen unidades de investigación ya que los periódicos tienen menos músculo financiero, y es un lujo que no se puede mantener.

¿Qué lectura nos puede recomendar para entender Bolivia?

Los libros imprescindibles para entender este país son ‘La formación de la conciencia nacional’ (René Zabaleta), los libros de historia de Rafael Puente, y sobre todo la Constitución de 2009, un texto clave para saber hacia dónde puede caminar Bolivia.

A Boris Miranda se le puede seguir en:

Twitter: @ivanbor

Diario Página 7

Pagina web personal: http://www.borismiranda.info

17 abril, 2012

Entrevista a Álex Ayala, periodista español freelance radicado de Bolivia

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“El mayor enemigo del gobierno de Evo Morales es el propio gobierno”

 

Alex Ayala es vasco de nacimiento pero boliviano de corazón. Llegó al país andino pocos días antes del 11 de Setiembre de 2001 con una beca de El País bajo el brazo. Primero trabajó durante un lustro para el diario La Razón de Bolivia (perteneciente entonces al grupo Prisa), y posteriormente dirigió su dominical. Una vez agotada esta etapa, decidió mudarse al semanario Pulso, donde fue editor de periodismo narrativo por tres años. Finalmente, junto con un socio, crearon la publicación Pie Izquierdo, una revista de reportajes de investigación que a pesar de la buena acogida que tuvo apenas sobrevivió un año. Actualmente trabaja como freelance para diferentes medios de comunicación latinoamericanos y alguno europeo, y divide su tiempo entre sus elaboradas crónicas bolivianas y su familia. En 2008 ganó el Premio Nacional de Periodismo de Bolivia.

 

¿Qué es lo que aún le sorprende de Bolivia?

Con diez años aquí no hay cosas generalistas que me sorprendan mucho actualmente. Algo, sin embargo, aún me llama bastante la atención, y es que éste es un país que parece que camina siempre al borde del precipicio; siempre hay conflictos, bloqueos de caminos…a veces da la sensación de que va a estallar en pedazos. Obviamente, también me asombra el famoso realismo mágico, a flor de piel. En Bolivia siempre te encuentras con pequeñas historias increíbles.

¿Cómo acaba un chico de Vitoria (España) viviendo en La Paz y nacionalizándose boliviano?

En la universidad tenía muchos amigos sudamericanos, y mis mismos compañeros de clase sabían que acabaría viviendo en América Latina, una región que siempre me llamó mucho la atención por sus problemáticas e historia. El primer año con la beca pude conocer bastante el país, me gustó, y al ofrecerme hacer un contrato no me lo pensé. Aquí tenía muchas más posibilidades de desarrollarme profesionalmente que en España. Ahora me siento a gusto en Bolivia y extraño en España.

Después de recorrer varios países del cono sur, Bolivia es el primero donde he encontrado cierto recelo por proceder de España. ¿Aún está tan presente la época de la colonia?

Este es un país de mayoría indígena, casi un 70%, y con la llegada al gobierno de Evo Morales se ha creado un discurso de ‘ya basta de ser los humillados’, un mensaje que ha calado entre la gente. No sé si es animadversión hacia el gringo, pero sí que hay recelo hacia algunos extranjeros, y el modo de proceder de algunas empresas como Repsol no ha ayudado. Pero viviendo diez años aquí te puedo confirmar que no es la atmosfera general. La diferencia con los otros países sudamericanos es que la población indígena en Bolivia es mucho mayor.

Llegó a Bolivia antes de que Evo Morales alcanzara la presidencia. ¿Cree que esta nueva conciencia de pueblo se debe principalmente a la acción del gobierno de Morales?

Los aimaras siempre han tenido una visión muy recelosa del gringo. Con la llegada al poder de Evo, ese discurso se ha multiplicado, y se sienten con más legitimidad para opinar así. En los pueblos del altiplano sí hay cierto recelo con el extranjero en general, no sólo al español.

Y el autonomismo que existe en Santa Cruz, ¿lo es por sentimientos o por economía?

Más por cuestiones económicas que por políticas, aunque las dos cosas están un poco relacionadas. Actualmente, el movimiento autonomista está muy atenuado y no hay líder destacable que pueda poner en problemas al gobierno.

Teniendo en cuenta que en las ciudades mucha gente tiene familiares o conocidos que han ido a buscar trabajo a España, ¿qué opinión tienen de este país?

En las ciudades la percepción cambia, y esa visión negativa ya está muy atenuada entre la clase media media-alta. Y en los pueblos de la Amazonia pasa todo lo contrario que en el altiplano, tienen hasta cierta simpatía con el extranjero. Eso se debe, supongo, al cierto paralelismo con el clima. Con la gente del altiplano pasa un poco como con la zona norte española, los gallegos vascos o catalanes, que tenemos fama de cerrados pero una vez te han aceptado son muy cercanos.

¿Empiezan a volver bolivianos debido a la crisis de Europa?

De momento han vuelto sólo un 8% por ciento, según el embajador español en Bolivia. Y lo curioso es que las remesas que mandan se han mantenido estables.

¿Se han cambiado las tornas y son los españoles los que tal vez vienen a vivir ahora a Bolivia?

La mayoría de los que vienen se dedican a la cooperación internacional, son periodistas o empresarios que han decidido montar aquí su negocio, pero son una minoría comparado con los que van a otros países como Chile o Argentina.

¿Qué es lo que más le gusta de Bolivia?

Me gusta mucho la variedad de gentes, culturas y paisajes que hay en el país. De un extremo a otro te encuentras con realidades completamente distintas. Los pueblos y sus tradiciones son muy diferentes, una diversidad muy rica que para un periodista es un terreno más agradable de recorrer. Para mí, es un país que me da muchas cosas en ese sentido.

¿Hay alguna cosa que no soporte?

Si tuviera que decir algo malo de Bolivia diría que es muy informal. Si quedas con alguien siempre llega tarde; te tienes que acostumbrar también a lo malo. Es una cultura muy trabajadora pero al mismo tiempo tiene ese hándicap de informalidad. El tiempo aquí es un concepto abstracto, se estira como un chicle. Es algo muy arraigado a los latinoamericanos.

¿Cómo ha cambiado desde que vive aquí?

Bolivia ha cambiado mucho. Cuando llegué en el 2001 era muy inestable; hasta que entró Evo Morales vi en el poder cinco presidentes en cinco años. La llegada de Morales ha traído estabilidad a nivel gubernamental, por lo menos.

¿Y ha conseguido también estabilidad económica y social?

Su llegada ha coincidido con el aumento de los precios de las materias primas, y está consiguiendo los mejores resultados económicos en muchos años. Eso ha permitido que se reduzca mucho el porcentaje de bolivianos que viven por debajo del umbral de la pobreza.

¿A qué se debe ésa reducción de la pobreza: a los precios internacionales de las materias primas o a la redistribución de la riqueza?

A las dos cosas. A que se ha redistribuido mejor la riqueza y a que los precios de las materias primeras se pagan muy bien ahora en el mercado internacional. Además, el gobierno ha aumentado sus recursos nacionalizando los hidrocarburos, por ejemplo.

¿Evo Morales es el primer presidente boliviano que se toma en serio la redistribución de la riqueza?

Sus sucesores anteriores fueron muy corruptos, algunos de ellos dictadores. Lo que ha conseguido su gobierno es que la población indígena sea la protagonista y una redistribución más equitativa de los recursos. A pesar de todo, los dos últimos años han empezado a ser más conflictivos.

¿Se ha acabado el idilio que parecía que hubiera entre la población y Evo Morales?

Este país es muy difícil de gobernar porque hay realidades muy dispares; es muy difícil mantener contento a todo el mundo. El partido del gobierno ha caído en el error de abusar de su mayoría parlamentaria, y ha pasado de diálogo a la imposición.  Lleva ya un par de años de política de hechos consumados, y sólo empiezan a negociar cuando la pelota es muy grande.  Eso daña la credibilidad del gobierno. Aun con todo, todavía es un ejecutivo muy fuerte.

Ayala en el rincón de su casa donde ha colgado las fotografías de sus periodistas de referencia

Retrocedamos unos años. ¿Cómo consiguió llegar Evo Morales al poder?

Es curioso, porque cuando Evo Morales ganó su primer mandato, el mismo embajador de los EEUU ayudó a que Evo creciera en las encuestas, ya que lo calificó como el enemigo de Bolivia. Esas declaraciones desafortunadas exacerbaron a los bolivianos. A pesar de todo, en 2001 Evo ya era un personaje que estaba en ascenso como dirigente cocalero y diputado.

¿Cuál es la relación actual entre Bolivia y los EEUU?

No hay una relación estable. No es de hostilidad, pero sí de calma tensa. Actualmente no hay embajador norteamericano en La Paz, y de vez en cuando Evo sale con acusaciones contra los EEUU. Lo que más ha influido es la política antinarcóticos, ya que Morales echó a la DEA de Bolivia, una herramienta que usan los norteamericanos también para hacer espionaje.

¿Sigue habiendo corrupción gubernamental?

Continúa siendo uno de los más corruptos de América Latina, pero Evo sí ha hecho cosas que no habían hecho anteriores presidentes, como por ejemplo apartar a su mano derecha (Santos Ramírez) por verse implicado en un caso de corrupción. Si alguien de su entorno está manchado, lo aparta y deja que actúe la justicia. El problema de la corrupción no se ha solucionado porque está muy arraigado, está institucionalizado.

¿Cómo valora la cercana relación que mantiene Bolivia con Venezuela y Cuba?

No sé si está relación le favorece o perjudica, son las alianzas que un gobierno toma como país. Para un estado como Bolivia son muy importantes las relaciones con países de la región. Si Bolivia está distante de los EEUU no es por ése triángulo, sino por echar a la DEA de su territorio y la humillación que eso representa para la primera potencia mundial.

¿Qué cree que pasará con Bolivia en las próximas elecciones, en las que no se podrá presentar de nuevo Evo Morales?

El MAS (Movimiento al Socialismo) es aún un partido muy fuerce y ahora no tiene rival que le haga sombra. Obviamente, faltan bastantes años para los siguientes comicios, y por eso es muy difícil hacer pronósticos. La política es un circo con políticas de última hora. El mayor enemigo del gobierno actualmente es él mismo; si continúan con esa actitud de hechos consumados y prepotentes pueden perder apoyos.

Hablemos ahora de una reforma muy importante acometida en el 2009, la de la Constitución. ¿Por qué se modificó?

Porque era una constitución muy alejada del país. Con los cambios se constitucionalizaron muchas cosas que no estaban en ella, como la propiedad de los recursos naturales, derechos indígenas etc., y se hizo más inclusiva. La anterior era más de corte europeo y antigua, no calzaba tanto con la realidad que se vive aquí. La actual Carta Magna aún está en pañales; hay más cosas sobre el papel que tangibles, pero se está avanzando para que lo que está en el papel en unos años sea más palpable.

¿Cuál es el principal problema que tiene actualmente Bolivia?

Falta aún ambiente de diálogo entre gobierno y grupos sociales que están excluidos, entre gobierno y oposición…estamos siempre en un bucle y cada año hay una o dos grandes crisis. En lugar de administrar el país se pierde mucho tiempo en luchas, y eso hace que no se evolucione tanto como indican los índices económicos.

¿Y su principal potencial?

Es un país que si empieza a industrializar sus recursos naturales y deja de vender la materia prima en bruto tiene mucho ganado para conseguir ser uno de los motores de la región. Se está yendo hacia eso, per muy lentamente.

¿Qué opinión le merece el panorama mediático en Bolivia?

El mercado es muy pequeño en Bolivia, y eso es un hándicap. Al mismo tiempo, es un mercado muy virgen que te permiten iniciativas como Pie Izquierdo. La crítica que haría de los medios bolivianos es que son excesivamente politizados, más que en otros países. Hay poca información de cultura, pocas crónicas o reportajes. Hay poco periodismo para la gente, y todo para las altas esferas políticas y económicas. Creo que hay demasiado periodismo de declaraciones y poco de investigación; es muy extraño cuando un medio destapa un caso  de corrupción. No es de baja calidad, pero si encorsetado.

¿Se ve viviendo siempre en Bolivia?

De momento, sí. Mi mujer e hija son bolivianas. Es un lugar muy cómodo para viajar a otros países porque tiene muchas fronteras. Además, soy un enamorado de una ciudad como La Paz, fría como Vitoria. Es una ciudad increíble, rodeada de montañas, y tiene mucho magnetismo. O te enamora o la odias profundamente. Yo me he enamoré de ella muy fácilmente. A España no voy ni aunque me ofrezcan un buen puesto de trabajo; aquí soy muy libre trabajando.

¿Y cómo ve desde la distancia la situación por la que pasa España y Europa?

Sigo la información que llega de allí. La crisis es muy jodida y no creo que se solucione en un corto plazo; esto va para largo. Como todas las crisis, me imagino que será algo cíclico, no veo que  sea un callejón sin salida. Y lo veo con pena, por ser una situación muy deprimente. Aquí informan poco de lo que pasa allí. Bolivia es un país muy ombliguista en cuanto a la información.

¿De qué se siente muy orgulloso de haber escrito en Bolivia?

Siempre busco historias locales pero que tengan componentes que las hagan universales. Hay un perfil del que me siento bastante orgulloso, el que hice del sastre de Evo Morales. Él ha sido sastre de la mayoría de presidentes del país en los últimos 30 años. Fue una excusa para hablar de poder a través de algo tan puntual como los quehaceres del sastre.

¿Y sobre qué le gustaría escribir en Bolivia y todavía no lo ha hecho?

Hay mil cosas pendientes por escribir en Bolivia.

¿Qué lectura nos puede recomendar para entender Bolivia?

Acaba de salir una antología de crónicas bolivianas de la editorial El cuervo: ‘Bolivia a toda costa’. Reúne crónicas de periodistas y escritores diferentes. Lo bueno es que se habla de todo el país y son textos muy variopintos. Es una visión del país bastante actual.

 

A Álex Ayala se le puede seguir en:

alexayala.blogspot.com

19 enero, 2012

Entrevista a Ángel Sastre, corresponsal de La Razón, Onda Cero y Cuatro para América Latina. Radicado en Buenos Aires

Filed under: Argentina — nodisparenalmensajero @ 15:01
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“Los sindicatos se han vuelto un lastre para este país”

Uno de los últimos premios Larra (galardón que otorga la Asociación de la Prensa de Madrid a los periodistas más destacados del año) recayó en el siguiente entrevistado, Ángel Sastre. En concreto, fue en la categoría que distingue al periodista menor de 30 años más notable del curso. “Ha desarrollado una intensa y eficaz labor profesional en circunstancia difíciles y precarias”, argumentó el jurado. Y éso precisamente es lo que hace Sastre. Buenos Aires, capital en la que vive desde hace cinco años, le sirve como base de operaciones para moverse constantemente por toda Latinoamérica e informar a España de lo que allí acontece. Guerras, terremotos o cambios presidenciales son algunas de las noticias que ha narrado en primera persona.  

 ¿Qué es lo que aún le sorprende de Argentina?

Me sorprende la capacidad que tienen los argentinos para reinventarse. Cuando ves que están en un hoyo, salen; vuelven a cometer los mismos errores y se meten en otro hoyo. En definitiva, me fascina la capacidad que tienen en los ascensos y descensos de los infiernos.

¿Y qué le sorprende aún de Sudamérica?

La felicidad; la alegría; la amabilidad. La felicidad que tiene el continente en contraposición con España. Aquí todavía ves gente feliz y amable. ¿En qué momento perdimos eso nosotros?

¿Ha cambiado su opinión de Argentina y del continente desde que vive aquí?

Mi perspectiva está cambiando un poco políticamente. Empecé siendo muy crítico con el kirchnerismo, con el subsidio y los clientelismos, no sólo aquí en Argentina sino también en otros países como Bolivia, y ahora veo que hace falta durante un tiempo. A veces hace falta un político radical que enderece el país. Antes demonizaba que un obispo llegara al poder, los indígenas que nacionalizaban todo…pero claro, hay que entender la historia del país, lo que se sufrió hasta que pudo llegar al poder gente como Chávez…estoy empezando a entender un poco más a algunos políticos que no entendía.

Así que cree que desde Europa se juzga demasiado a la ligera los líderes sudamericanos…

Totalmente. En España no hay ningún diario que hable bien de Evo Morales, Cristina Kirchner, Chávez o Castro. Ni periódicos de izquierda ni de derechas.  

¿Le sorprende?

No sé si me sorprende o no, sólo creo que no está bien que no haya divergencia de opiniones.

Entremos de lleno en Argentina. Recientemente Cristina Fernández de Kirchner inauguró su segundo mandato presidencial. ¿Qué balance hace del primero?

Para mí Cristina empezó a enderezar muchas cosas que estaban torcidas desde la época del corralito y las privatizaciones de los noventa. Cuando sales del infierno es fácil enderezar, o como mínimo están claras las directrices. Aunque cuando uno endereza de una manera radical deja muchas cosas por el camino, como por ejemplo los sindicatos, que hoy tiene que afrontar. Mientras enderezó otorgó muchas licencias peligrosas, hizo un reparto de la riqueza y por el camino se perdió mucho dinero en corrupción y clientelismo. Se está haciendo un mal reparto de las riquezas. Un buen reparto sería el que se hizo en España durante la transición y posteriormente con la Unión Europea. Argentina puso cimientos importantes que dejaron peligros importantes como los sindicatos, que aquí te pueden tumbar. Cristina siguió los pasos de su marido Néstor para estabilizar el país, pero dejó por el camino amenazas para el cimiento.

¿Cambiar estos defectos que se han creado en el trayecto es su reto actual?

Sí, es de lo que todos estamos pendientes, será su prioridad. Ahora ya no será más Evita, será Dilma Rousseff. Quitará subsidios, rebajará la inflación, cederá ante las empresas. Ahora tiene el poder que necesitaba para poder acometer estas reformas.

¿Por qué debería quitar poder a los sindicatos si el país ha mejorado día a día desde que lo cogió Néstor Kirchner en 2003?

Porque hoy por hoy los sindicatos se han vuelto un monstruo imparable, un lastre para el país. Los sindicatos son unos mafiosos que te piden un 30% de aumento de sueldo anual, y ninguna empresa puede soportar eso. Luchan por el derecho de los trabajadores pero están jodiendo el bien común.

¿Es la inflación el principal problema que afronta ahora Argentina?

Sin duda.

¿Y cuál es actualmente el motor económico del país? ¿Ha conseguido diversificar sus fuentes de ingresos?

Ahora vive de las exportaciones, básicamente de las materias primas, como la soja, pero también de automóviles.

¿Se hipoteca concentrándose en la exportación de materias primeras?

Sí, y ese es un problema que se da en toda América Latina. Esta es la historia de siempre, ya lo avisaba Eduardo Galeano en su libro “Las venas abiertas de América”. Si baja el precio de las materias primas van a tener serios problemas. Tienen claro que deberían diversificar más, pero no lo consiguen. También en España se nos dice que deberíamos ser más productivos…

Ángel Sastre tiene que estar al día no sólo de la actualidad argentina, sino de todo lo que sucede en Latinoamérica

En 2001, durante el corralito, se gritaba “Váyanse todos”. Las pintadas que se ven ahora por la calle, en cambio, son a favor del matrimonio Kirchner. ¿Se vuelve a vivir la política con ilusión o pertenecen a unas juventudes que no habían participado aún de ella?

Este es el país de América más activo políticamente. En Argentina, aparte de futbol y mujeres te hablan de política. Que la población se vuelva a ilusionar con la política es un logro de Néstor Kirchner. Cuando él murió lo velaron miles de jóvenes, y es que ciertamente han llevado a cabo políticas inclusivas y en favor de los Derechos Humanos. Cuando uno lo hace tan mal –por Ménem- y llega alguien que lo hace medianamente bien…Es como en España cuando hubo la Transición: después de una dictadura, ¿cómo no vas a estar ilusionado cuando vuelve la democracia? En Argentina la población es culta y está muy preparada, pero los políticos les han estado dando mierda durante mucho tiempo.

¿Y cómo pudo sacar el país del hoyo Néstor Kirchner?

Creo que tendría que haber sido un muy mal político para no lograrlo. Piensa que Argentina tiene un enorme potencial. Hay que seguir siendo un ladrón como Ménem para no sacar del pozo al país. La receta fue muy sencilla: apostar por las exportaciones y proteger el mercado interno. Apostaron por diversificar y hacer más tecnología con la exportación. Ésas fueron las claves. Esas medidas, valientes, son las que no podemos tomar en España porque estamos en la Unión Europea. 

¿Cree que el sistema político en Argentina es populista?

Totalmente. Es populista comparándolo con Europa, pero menos que otros países latinoamericanos. Aquí los muertos no descansan en paz, hay una simpatía por la necrofilia…lo hemos vuelto a ver con el uso de la imagen de Néstor Kirchner en la campaña electoral de Cristina. Pero no sólo es populista en eso, también en algunas políticas. Aquí el gobierno nacional tiene programas como ‘Carne para todos’, ‘Leche para todos’ o ‘Lácteos para todos’ y va regalando por las villas alimentos. ¡Hasta ha nacionalizado el futbol y lo da gratis! Pero en otros países sucede más de lo mismo. En Perú, por ejemplo, el presidente iba regalando frigoríficos y en Ecuador cheques con dinero…

¿Y cómo se estructura el sistema político? Me da la sensación que no hay izquierdas ni derechas ya que el peronismo lo aglutina todo…

Aquí nadie se quiere identificar de derechas, sólo lo hace Mauricio Macri (alcalde de Buenos Aires) y lo hace tímidamente y con el sello peronista.

¿Quién no es peronista en Argentina?

Éste es un tema incomprensible y un lastre. Aquí se dice que no se puede gobernar si no eres peronista. Mira al radical de la Rúa, saliendo de la Casa Rosada en helicóptero…Quiero pensar que hay otras opciones, pero el peronismo sigue allí. Siguen las películas sobre Eva y Perón, y junto a Néstor Kirchner son las figuras más repetidas. ¡Aquí hasta hay Putos (gays) Peronistas! El Peronismo hizo mucho por los derechos de los trabajadores y de la mujer, por el repartimiento más equitativo de la riqueza etc. pero también tuvo muchos claroscuros.

Sastre en plena acción

¿Sigue siendo Argentina un país corrupto?

No es un país corrupto, es un país muy corrupto. Y por lo que estoy viendo es incluso más corrupto que muchos países del continente. Lo que podría crecer este país…

Antes hablábamos de la inflación, ¿pero cree que la corrupción es el mal mayor para este país?

Sí, totalmente.

Viaja constantemente por Sudamérica. ¿En qué se diferencia Argentina de los demás países de la zona?

 Aquí hay un mestizaje único y un ego y un orgullo inconmensurable, para bien y para mal. En muchas cosas son muy europeos, eso les lleva a tener conflictos entre el viejo y el nuevo mundo. Quizás ése es uno de los motivos por qué aquí hay tantos psicólogos.

¿Y en qué se parece a América Latina?

En que son conservadores, machistas y católicos. Son gente poco seria en algunos aspectos, les falta formalidad; tienen muchos rasgos latinos en ese sentido.

¿A qué país de Sudamérica se parece más?

Creo que a Uruguay, aunque aquí son italianos y en Uruguay son gallegos.

En Uruguay no me hablaron muy bien de los argentinos, sobre todo de los porteños, en cambio en Argentina sólo tienen buenas palabras para referirse a los uruguayos. ¿A qué se debe?

No lo sé. Creo que es el espíritu que existe en toda América con los argentinos, que los consideran prepotentes y orgullosos. Pero como dices, confunden al porteño con el argentino.

¿En qué cree que ha mejorado Argentina y el continente en los cinco años que lleva residiendo aquí?

Claramente en los derechos, la distribución de la riqueza y el orgullo. Los argentinos han recuperado autoestima como latinos.

¿Y qué país es el que le cuesta más mejorar?

A Venezuela. Venezuela está jodida y no puede ni con la pobreza ni con la inseguridad.

El que ha hecho mejor los deberes…

Sin duda alguna, Argentina. ¿Dónde más te encuentras una sanidad y educación gratuita? En los otros países latinoamericanos, ¿dónde está la clase media? Argentina es el país que más ha crecido manteniendo derechos sociales, y ésa es una herencia del peronismo.

¿Cree que es el momento de América Latina?

Creo que es su oportunidad para salir del ostracismo y el retraso acumulado, pero no sé si van a hacerlo.

¿Se trabaja bien como periodista en Argentina?

El problema de este país es que el gobierno no da declaraciones. Néstor Kirchner nunca dio ruedas de prensa, y Cristina sólo ha concedido un par.

¿Y de dónde se saca la información oficial?

De las agencias de noticias como Télam o de algún portavoz.

Los aviones son la segunda casa de Ángel Sastre

¿Hay muchos españoles que vienen a Argentina en busca de trabajo?

Sí, unos tres mil al trimestre. Es el país que más españoles recibe, juntamente con Brasil. Ahora los argentinos han empezado a crecerse, y no les hace falta mucho, porque ven a muchos españoles llegar con una mano delante y otra detrás. 

¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?

Poder estar en sitios donde los demás no están. Poder hablar con gente difícil de hablar, como proxenetas, pandilleros, mafias, famosos…poder estar donde el público no está y contar las cosas en primera persona.

A pesar de que las condiciones de corresponsal son precarias…

Totalmente. Nunca sé que se va a difundir, se compra por piezas…

¿Qué debe tener un periodista para ser un buen corresponsal?

Muchas ganas de vivir y contar historias, además de una visión amplia. Hambre de emociones y aventura. Tiene que ser culo inquieto y saber moverse, tener ilusión. Uno puede estar en Argentina y no salir de casa, ser un periodista de pijama. Un buen corresponsal, en cambio, debe tener ganas de salir y contar las cosas por él mismo. Yo siento que tengo un compromiso con los lectores.

¿En los últimos cinco años, qué momentos han sido los más intensos?

Las situaciones extremas: llegar de los primeros al terremoto en Pisco o en Concepción; los mineros atrapados de Chile; estar en la selva con el ejército guatemalteco; conocer por dentro las maras y ver el lado humano de los pandilleros que matan a personas; entrar a las favelas de Rio de Janeiro con la tropa de élite…ésos han sido algunos de los momentos más intensos que he podido vivir.

¿Y cómo enfoca las noticias, teniendo en cuenta que trabaja para medios de diferentes ideologías y formatos?

Más que la ideología a mí me marca el formato. Para televisión preparo piezas de un minuto o algo más; en cambio para la radio grabo piezas que van de los treinta segundos al minuto; y las crónicas escritas deben ocupar de trescientas a setecientas palabras. Como dijo en su día Matías Prats, “uno tiene que saber para quién trabaja pero guardarse unos límites”. Si hay que plantarse, me planto, pero me ha pasado pocas veces.

¿Le ha marcado haber ganado el premio Larra?

A mí el premio me duró dos días; de hecho no sé ni donde lo tengo (risas). Obviamente me sentí orgulloso, pero para mí ya es historia. Tengo nuevos horizontes, y mis nuevas metas son seguir cubriendo conflictos, hacer otros proyectos…Creo que lo merecía, porque era un reconocimiento a CNN+ y también a este nuevo tipo de corresponsal que se busca la vida y es competente en todos los formatos.

¿Cree que está idealizado el oficio de corresponsal?

No lo creo, tal vez en un pasado sí, pero ahora está devaluado. ¿Nosotros somos un país que queremos tener nivel de periodistas? ¿Qué somos en comparación con los anglosajones o norteamericanos? Creo que tenemos que cuidar a los corresponsales internacionales y hacer que los estudiantes que salen de la universidad sigan funcionando para mantener un nivel. No podemos seguir viviendo de agencias, hay que invertir en periodismo internacional para contar las cosas que pasan en el mundo a través de nuestros ojos, por el bien del nivel de periodismo en España. Esto es como la Champions Leage del periodismo.

¿Qué lectura nos puede recomendar para entender Argentina y Sudamérica?

A mí me gustan muchos autores latinos, como Vargas Llosa, Eduardo Galeano, Walter Oppenheimer o García Márquez. Pero si tuviera que decir un título que permita conocer mejor Argentina sería ‘El otro yo’, que narra las bambalinas del ex presidente Eduardo Duhalde. Y para entender este continente recomendaría ‘La fiesta del chivo’, de Vargas Llosa, en el que explica la naturaleza de las dictaduras sudamericanas.

A Ángel M. Sastre se le puede seguir en:

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16 enero, 2012

Marcelo Pereira, editor del periódico uruguayo La diaria

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 “El principal problema de Uruguay es que todavía no ha decidido de qué manera se quiere insertar en el mundo de hoy”

Fue en 1983, en el ocaso de la dictadura que había empezado diez años antes, cuando Marcelo Pereira entró en el mundo del periodismo. Estuvo veinte años vinculado al semanario Brecha, uno de los más prestigiosos del país, fue editor en la agencia Inter Press y tertuliano de radio. Hasta este año ha impartido clases de periodismo político en la universidad ORT, y desde 2006, año de su fundación, es editor de La diaria.

¿Qué es lo que aún le sorprende de Uruguay?

Me sigue sorprendiendo continuamente. Por un lado, me sorprende lo lento que son los cambios en el país, aunque los haya habido; y por el otro, que a pesar de esta lentitud pasen cosas. Uruguay es un país muy pequeño, pero en determinadas áreas se logran resultados de calidad propios de un país grande.

¿Tiene ventajas ser pequeño?

Sí. Por ejemplo, la población indigente está contabilizada e identificada, y así se pueden solucionar muchos problemas.

¿Cómo definiría Uruguay?

Es un país que tiene algunas diferencias históricas con los países que lo rodean, aunque no tanto como se creyó alguna vez. Además, Uruguay es un país que ha logrado ciertos avances de convivencia y calidad, a pesar de que ahora se empiece a poner en duda.

¿De dónde viene y adónde va este país?

Viene de un largo periodo de crisis espiral, desde mediados del siglo XX. Esa crisis desembocó en una dictadura, y tras restablecerse la democracia, en 1985, volvieron los mismos partidos políticos de antes. El crecimiento es estable y paulatino, y ahora nos encontramos en un segundo mandato de izquierdas, encabezado por José Mujica.

¿Qué han conseguido los dos últimos gobiernos de izquierda?

Con perspectiva, creo que los dos gobiernos de izquierda no son tan distintos entre ellos. El primero, el de Tabaré Vázquez, coincidió con la crisis del 2001 y acometió las principales reformas que necesitaba el país, como por ejemplo trabajar con más trasparencia, retomar la negociación colectiva y atajar la pobreza. Y luego implementó otras medidas que no estaban en el programa, como el ambicioso plan educativo Ceibal, que permite que todos los alumnos del país tengan un ordenador portátil; una medida que ha tenido un impacto social muy fuerte.

¿Y qué ha incorporado el primer gobierno de ‘Pepe’ Mujica?

Él tiene una manera de relacionarse con los vecinos de la región diferente a la de Vázquez. Mientras Vázquez dejó unas relaciones maltrechas con Argentina, por ejemplo, Mujica está recomponiendo las relaciones diplomáticas. La gran pregunta es si en política interna el actual gobierno ha cambiado alguna cosa, y la respuesta es que no. Tal vez haya modificado algo la política de seguridad interna, con operaciones policiales más mediáticas.

¿Cuál es el principal problema que tiene ahora el país?

Actualmente existe la percepción social de que hay dos grandes problemas: uno, que el sistema educativo actual está entrando en crisis porque se está masificando, y el otro, que ha crecido el sentimiento de inseguridad. Cómo va a actuar el gobierno a partir de ahora no se sabe, ya que sus prioridades no son nada claras. Sin embargo, el principal problema real del país, bajo mi punto de vista, es que Uruguay todavía no ha decidido de qué manera se quiere insertar en el mundo de hoy; no se sabe aún qué sector queremos potenciar.

Hace poco comentaba que tras la última dictadura que sufrió el país volvió el mismo sistema de partidos tradicional. ¿Por qué se instauró un régimen autoritario en 1973?

Uruguay tenía una economía basada en la producción nacional, aprovechó bien las guerras europeas para exportar mucho, pero el modelo se agotó; se empobreció la clase media; creció el conflicto social; apareció una guerrilla (de la que Mujica fue miembro) y todos estos factores desencadenaron en una dictadura. El nuevo régimen, que gobernó el país durante doce años, impuso cambios económicos regresivos y pérdida de derechos sociales.

Tal y como pasó con sus vecinos argentinos, este episodio histórico es aún muy reciente…

Aunque los principales dirigentes de ésa época ya han sido juzgados, no se ha pasado página. Hace muy poco se han cambiado algunas cosas, como encausar algunos responsables de la dictadura, pero gran parte de la población cree que es mejor no reabrir los casos y prefiere terminar con la cuestión. La otra mitad cree necesario llevar a cabo todos los juicios para poder seguir adelante como país.

Hablemos de economía. ¿Qué sectores son el motor del país?

La agricultura y la ganadería siguen siendo los pilares de nuestra economía. Actualmente hay una bonanza para los países que exportan materias primas, como  nosotros. Pero Uruguay también es fuerte en otras áreas, como por ejemplo el software; somos grandes exportadores de productos informáticos.

La creación de una papelera en la costa uruguaya generó una fuerte crisis con Argentina. ¿Qué relación mantienen hoy?

Tenemos una relación indestructible. Uruguay, en una época, fue parte de Argentina, incluso se impulsaba desde aquí mismo. El héroe nacional de Uruguay, José Artigas, nunca quiso ser uruguayo, defendía una federación con Argentina. Eso provoca problemas de identidad, aunque ahora estamos celebrando los 200 años de la independencia de España. Los argentinos aprecian más a los uruguayos que nosotros a ellos, sobre todo a los porteños. Pero es normal, siempre le cae mejor el chico al grande que viceversa. Con Argentina tenemos rivalidades deportivas, portuarias etc pero hay una enorme penetración económica, cultural y mediática entre ambos países. Es una relación de amor y odio.

¿Y con Brasil?

Uruguay no compite con Brasil, sino con los estados sureños de Brasil. El crecimiento económico de Brasil se nota en que ahora tenemos muchos más turistas brasileños que antes y que, por ejemplo, nuestra cerveza nacional ha sido comprada por una compañía brasileña.

Marcelo Pereira conversando con un reportero en la redacción de La diaria

En cuanto a la iniciativa La diaria, ¿a quién se le ocurrió crear de cero un periódico en papel?

Al principio no teníamos ni inversor ni ningún respaldo. Nos preguntamos cuanto tiempo dedicaba la gente al día a leer la prensa, y acordamos que unos 20 minutos. Así que nos pusimos manos a la obra y diseñamos un periódico con identidad que se pudiera leer en ese tiempo. Creímos que había un público potencial joven, y por eso potenciamos los temas sociales o de medio ambiente, además de que tenemos una plantilla de trabajadores bastante joven también. Aún podemos crecer más y ganar nuevo público que ahora no compra periódicos.

¿Qué más diferencia La diaria de los otros periódicos?

Pues que somos un periódico de izquierdas y funcionamos como cooperativa en todos los sentidos. Queremos hacer periodismo y trabajar de una manera distinta a la tradicional, con una forma y contenido innovador.

¿Cuál es el panorama mediático en el país?

Existe el diario El País, anterior al que tienen en España,  que es conservador y líder de ventas. También hay el diario La República, con un discurso muy oficialista, de izquierdas, y sin gran rigor. Y finalmente, el tercer gran diario nacional es el Observador, con respaldo del Opus Dei.

¿Qué lectura nos recomienda para entender Uruguay?

Faltan lecturas que expliquen bien cómo es Uruguay ahora. Para entender bien lo que pasaba hasta los años ’60 es preciso leer a Carlos Real de Azúa. Sobre la dictadura hay relatos, pero no terminan de explicar bien lo que pasó. En cambio Mario Benedetti supo captar muy bien la idiosincrasia del país previo al golpe de Estado.

 

 A Marcelo Pereira se le puede seguir en:

La diaria

 

10 diciembre, 2011

Raúl Cortés, delegado de la agencia EFE en Uruguay

Filed under: Uruguay — nodisparenalmensajero @ 01:00
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“La relación de Uruguay con Argentina es muy tanguera, muy apasionada, muy de rencillas”

Licenciado en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), Raúl Cortés siempre supo que quería ser corresponsal en el extranjero para un medio español. Antes de conseguirlo trabajó en Barcelona para una agencia de noticias deportivas y en la emisora RAC1. Vivió en Moscú, y desde que trabaja para la agencia de noticias EFE ha estado destinado en Perú, Bolivia y México, donde fue jefe de redacción. Desde hace dos años Cortés es el delegado de EFE en Montevideo.

¿Qué es lo que aún le sorprende de Uruguay?

Lo que aún me choca es la indigencia. Este país tiene un grave problema con la indigencia, a pesar de ser uno de los países más desarrollados de Latinoamérica, y eso tiene mucho que ver con la crisis que hubo aquí en 2002, contagiados por el corralito argentino. Mucha gente se quedó sin nada y apareció un sector marginal de población que es muy difícil de reintegrar en la sociedad.

¿Conocía en profundidad Uruguay antes de venir?

Conocía la relación que tiene con Argentina, país al que, muy a su pesar,  se parece en muchas cosas. También conocía elementos particulares, como escritores de la talla de Benedetti u Onetti, y la importancia que le dan al Carnaval. A parte de eso, creo que no sabía gran cosa del país, ya que es muy desconocido fuera de aquí.

¿Y qué relación tiene Uruguay con Argentina?

Es una relación tipo hermano mayor-hermano pequeño, con mucha vinculación, sobre todo económica. Por ejemplo, aquí se dice que cuando Argentina estornuda Uruguay agarra una pulmonía.

¿Aún depende tanto de Argentina?

Es una dependencia que están intentando minimizar, por ejemplo reduciendo las reservas de depósitos que tienen argentinos en bancos uruguayos. En Uruguay el turismo tiene un rol importante, y el mayor visitante siempre ha sido el argentino, Ahora, no obstante, empiezan a llegar brasileños. Es interesante ver cómo hordas de turistas brasileños compran productos de lujo en centros comerciales. Aun así, aquí hay todavía muchas inversiones argentinas en diferentes sectores, como el mobiliario.

A pesar de este historial, ¿cree que Uruguay se está empezando a independizar económicamente de Argentina gracias al crecimiento de Brasil?

En cierta manera sí, y te voy a poner algunos ejemplos. Brasil hace poco creó un arancel para evitar el crecimiento de la importación de vehículos que provenían sobre todo de Uruguay, donde hay varias plantas de ensamblaje de compañías chinas. Uruguay se quejó mucho por esta medida, y finalmente, tras muchas gestiones diplomáticas, se canceló. Por otro lado, descubrí preparando un reportaje sobre la exportación vinícola de Uruguay que un año tuvo una punta de crecimiento espectacular; eso fue debido a que empresas de vinos del sur de Brasil les compraron su producción en masa porque tuvieron un mal año. La importancia que se está dando a Brasil también se ve con los gestos políticos. Hace poco el presidente de Uruguay, José Mujica, visitó Rio Grande do Sul, el estado brasileño limítrofe con el país, y se hizo acompañar de varios ministros en una visita que fue casi de estado. Todos estos hechos son indicativos del papel que está adquiriendo Brasil.

Además de intensificar las relaciones con Brasil, el gobierno de Mujica está recomponiendo los puentes con Argentina, derruidos por su antecesor, Tabaré Vázquez…

Sí. Ha optado por tener una relación más cordial. Se solucionó el conflicto que tenían a causa de la papelera instalada en la frontera, gracias a una resolución del Tribunal de la Haya. La relación con Argentina es muy tanguera, es decir, muy apasionada, muy de rencillas. Aquí hay un sentimiento anti argentino bastante generalizado; creo que se debe a que mantienen una relación estilo David-Goliat.

Raúl Cortés trabajando en la oficina que EFE tiene en el centro de Montevideo

¿Se ha diversificado la economía uruguaya o sigue dependiendo en exceso en las exportaciones cárnicas?

Aún depende de este sector, esa es una asignatura pendiente. Sin embargo, cada vez hay más iniciativas empresariales diferentes, como la explotación de soja, la producción de software o la inversión en producción energética, como por ejemplo el hierro que extrayendo y exportando una empresa india a la China. Uruguay depende mucho de la recaudación de impuestos, por lo que rara vez puede rechazar inversiones extranjeras como éstas.

¿Qué cambios se han producido desde que hay gobiernos de izquierdas?

Ha habido cambios formales en el gobierno, pero menos de los esperados. Uruguay es un país muy conservador en general, y de hecho la izquierda tiene una concepción económica muy capitalista. En materia social se han introducido algunos cambios, pero no me queda muy claro que se hayan notado. Lo primero que tiene que hacer Mujica es reformar el Estado y reducir el número de funcionarios, que representan cerca del 20 % de la población activa. Y es que en Uruguay aún hay nepotismo. Hace poco se aprobó una ley que prohibía por primera vez en la historia reservar una cuota del 15% de las plazas para familiares de funcionarios. Si tuviera que destacar alguna iniciativa de los gobiernos de izquierda sería el ambicioso plan educativo Ceibal, que garantiza un portátil gratuito a todos los alumnos del país.

¿Y en qué se han diferenciado el gobierno de Tabaré Vázquez y el de Mujica?

Pues básicamente, como te comentaba antes, lo que ha hecho de diferente Mujica ha sido restablecer las buenas relaciones con Argentina.

El presidente Mujica fue ex líder de la guerrilla de los tupamaros, que lucharon contra la dictadura, y estuvo varios años encarcelado. ¿Se ha notado eso en su gobierno?

Menos de los que se esperaba. Algunos sectores de izquierda le piden que avance contra la impunidad de esos crímenes, en cambio él se ha mojado poco. Cuando asumió la presidencia le dijo al Ejército que ambos tenían ‘una mochila muy cargada’, pero que convenía mirar adelante y no atrás. Los grandes responsables de la dictadura ya han sido juzgados, pero todavía hay responsables que están libres. Los juicios a los responsables de la dictadura, sin embargo, no está en las conversaciones del día a día de la población, que tiene otras preocupaciones.

Uruguay parece, a simple vista, un país bastante contradictorio. Comentaba que es muy conservador en materia económica, pero ha sido siempre uno de los países latinoamericanos más progresistas, aprobando leyes en favor de la educación pública y laica (1877) o la ley del divorcio (1908)…

Eso se debe a que siempre ha habido un importante colectivo de intelectuales, aunque ahí va otra paradoja: el Opus Dei también tiene un fuerte poder aquí. Lo que sorprende de Uruguay es que la gente vive muy de puertas adentro, cuesta bastante de conocer. Aquí no todo es lo que parece, y eso creo que tiene que ver con la ascendencia gallega que tiene el país.

Aunque lleva ya lleva dos años residiendo en Uruguay, Cortés es más de café que de mate

¿Cuáles son los puntos fuertes del país  y cuáles los débiles?

El punto fuerte es la tozudez de la población. Ten en cuenta que es un país que ha conseguido sobrevivir a sus dos vecinos gigantes. Otra virtud es la gran cultura que tienen todas las capas de la población, aunque ahora se tiene miedo de perder los altos índices de alfabetización. Y destacaría también la unidad que existe en el país. Esta unidad es a su vez un peligro, porque creo que la están perdiendo poco a poco. El mayor punto débil es la falta de ambición, algo que siempre se le achaca al país. A los uruguayos ya les parece bien estar como están, pero creo que a veces deberían creerse un poco más.

Hablemos ahora de periodismo. ¿Cree que hay suficiente diversidad de medios?

Creo que para el tamaño que tiene ofrece una buena variedad mediática. Y fenómenos como La diaria demuestra que tiene un sector con buena salud. Además, aquí existen semanarios de análisis que ya no existen en otros países, como Búsqueda o Brecha.

¿Qué es lo que más interesa del país puertas afuera?

Lo que interesa, sobre todo en España, son las novedades que haya respecto a la dictadura y los derechos humanos. Es el tema que más repercusión tiene siempre. También son muy leídas las noticias que hablan de la relación que mantiene con Argentina, mientras que los temas nacionales no acostumbran a interesar mucho fuera. La figura del presidente, Mujica, también ha despertado gran interés, ya que quedan pocos políticos como él.

¿Qué lectura nos puede recomendar para entender Uruguay?

Aunque sea muy tópico, creo que Mario Benedetti fotografió muy bien cómo es Uruguay, la forma de vivir, la burocracia…Creo que actualmente faltan nuevos escritores de talento, así que recomendaría cualquier obra de él.

A Raúl Cortés se le puede seguir en:

Agencia EFE y en las noticias sobre Uruguay que publican los medios subscritos a EFE.

21 noviembre, 2011

Éric Nepomuceno, periodista brasileño del diario argentino Página 12

Filed under: Brasil — nodisparenalmensajero @ 13:03
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“En Brasil hay racismo disfrazado”

Éric Nepomuceno es un hombre de Letras, en mayúscula. Se marchó de su Brasil natal dirección a Buenos Aires en 1973, donde se inició en el mundo periodístico en un idioma que no era el suyo. Allí trabajó como corresponsal del Diario de São Paulo y colaboró con La opinión y con la revista Crisis, dirigida por Eduardo Galeano. En 1976 se mudó a Madrid, donde fue la pluma en España de la revista brasileña Veja. Empezó entonces a colaborar también con Cambio 16 y con un neonato diario El País, pero tres años más tarde volvió a cruzar el charco para instalarse esta vez en México. Nepomuceno volvió a Brasil en 1983 y trabajó de nuevo para El País, una relación que se alargó hasta 1989. Actualmente es el corresponsal en Rio de Janeiro del periódico argentino Página 12. Además de su faceta periodística, Éric Nepomuceno es escritor y traductor. Ha sido el traductor al portugués de algunos amigos suyos, como Gabriel García Márquez; Julio Cortázar; Eduardo Galeano; Juan Rulfo y otros escritores admirados, como Miguel de Unamuno. Entre sus traducciones se encuentra una joya bizarra, ‘Fuego en las entrañas’, una novela porno que escribió Pedro Almodóvar en 1979 cuando era funcionario de Telefónica.

¿Qué es lo que aún le sorprende de Brasil?

Muchas cosas. Brasil es bajo muchos aspectos un país aburrido, porque aquí las cosas son muy lentas. Y desde fuera es visto a base de clichés. Sin embargo, me sorprende que a pesar de la lentitud los cambios sí ocurran.

Aunque usted diga que se trata de un país que se mueve lento, desde fuera da la sensación que como mínimo en las dos últimas legislaturas ha cambiado a la velocidad de la luz….

Es cierto, pero aquí se percibe después; cuando uno se da cuenta, ya ocurrió. Por ejemplo, nos damos cuenta tarde de que los aeropuertos se quedaron pequeños, que crece la sanidad privada o que hay millones de coches nuevos por las calles… ¿Resultado? El país se colapsa porque la clase media-baja empieza a consumir y no se toman medidas a tiempo.

¿Cree que las nuevas clases medias brasileñas, tal y como ha sucedido en Europa o Estados Unidos, se están endeudando por encima de sus posibilidades?

Creo que es temprano para decir eso, pero el riesgo es inmenso. La ventaja de Brasil es que aquí el sistema bancario está muy protegido; cuando crece el porcentaje de morosos baja el crédito y no se permite un endeudamiento peligroso.

¿Es Brasil un pura sangre desbocado y sin jinetes preparados?

Las élites brasileñas, como las latinoamericanas en general, son groseras; torpes; estúpidas; mezquinas; egoístas y sin preparación. Aquí no hay una nueva generación de emprendedores con visión a largo plazo, y la iniciativa privada brasileña depende demasiado del estado. Tengo miedo a un crecimiento desordenado que escape del control.

¿Lula cambió tanto el país como parece o es una imagen que se ha querido vender?

Se ha transformado mucho. Lula, un hombre sin ideología pero con una intuición de genio, tuvo una gran capacidad de comunicación y la osadía de cambiar el juego, es decir, hizo ingresar al mercado de consumo al mayor contingente de pobres de la historia de Brasil. Y en la crisis mundial del 2008 impulsó el consumo para evitar que Brasil también se hundiera.

¿Este consumo es sostenible a largo plazo o si la crisis persiste en Occidente Brasil no va a tener a quien vender?

Brasil sufrirá, pero ahí viene otra genialidad de Lula. Si tú miras el mapa de exportaciones de Brasil verás que es el más diversificado del mundo. Las exportaciones a Europa o los Estados Unidos tienen un peso relativo. Ahora Brasil exporta mucho a América Latina, África o China.

Éric Nepomuceno compagina el periodismo con las traducciones y la escritura.

¿Dejar de dar la espalda a América es también otro mérito de Lula?

Creo que sí. Lula es un político que viene del mundo sindical, un experto en unir trabajadores contra el patrón. Si tú transformas eso a nivel de país, te das cuenta que más vale que nos unamos los peones o nos comen. En política exterior actuó de la misma manera.

En el escenario nacional también se ha ganado a las clases populares…

A las populares sí, porque era uno de ellos que llegó. En algunas partes de Brasil, las clases medias y altas tienen un prejuicio de clase con Lula. A la banca y el empresariado brasileño los tiene en cambio en el bolsillo, ya que nunca antes ganaron tanto. La banca brasileña es la tercera más lucrativa del mundo, después de Suiza y Hong Kong, y el banco Santander y Telefónica sobreviven gracias al mercado brasileño.

¿Y a Dilma Rousseff le interesa recuperar a la clase media o con las clases populares tiene suficiente?

Dilma tiene consistencia y es una buena gestora, y Lula sabe administrar el juego político, no un país. Si Dilma consigue crear un gobierno más profundo puede llegar a ser mejor que Lula, que fue un presidente buenísimo. Así pues, el nuevo ejecutivo tiene las condiciones de ser más completo que el de Lula, pero el problema es que heredó su el sistema político.

Pero lo está depurando, ¿no? Se está deshaciendo poco a poco del legado Lula…

Dilma, a diferencia de Lula, ha mandado un mensaje muy directo a sus ministros: dejad de robar u os hago dimitir; si llegáis a la prensa os degüello.

¿La corrupción es el principal problema de Brasil o lo que realmente es un problema es que no se castigue a los corruptos probados?

El problema de Brasil es un tercero: la impunidad en el uso de la cosa pública como si fuera privada. Eso sirve para la posesión de la tierra, la salud pública o la educación. Y allí está la corrupción política, que hace parte de una cosa más grande. El problema es que las élites políticas se creen con derecho de disponer elementos públicos de manera particular. La corrupción nace en el Congreso y llega al pequeño pueblo de cualquier estado. Los partidos políticos en Brasil son más federaciones de intereses regionales sin ideología que partidos. Mientras el gobierno de turno necesite el apoyo de tantas fuerzas políticas, habrá corrupción.

¿Cómo se ataja este problema?

La dictadura militar eliminó la vida política y los partidos e impuso un bipartidismo. Cuando volvieron los dirigentes políticos nadie se acordaba de ellos, y se transformaron en concentraciones de intereses locales. Hasta la fecha. Ningún partido tiene proyecto de nación, de país. Debería haber una reforma política en Brasil para que los partidos políticos fueran realmente partidos políticos diferenciados. Aquí hay un transfuguismo brutal. Pero, ¿quién va a reformar la ley de partidos? El Congreso. Y esta reforma no está ni estará en la agenda política. Aquí ningún presidente tiene mayoría, hay feudos dentro de los mismos partidos, y se dividen los ministerios.

Pero es injusto poner la etiqueta de corrupto al país…

El brasileño medio, quizás por una herencia atávica, es un corruptor por principio. Aquí se le llama jeitinho, la manera brasileña de arreglar las cosas. El ciudadano no cree que intentar sobornar a un policía que te va a multar esté mal. El brasileño ve la corrupción en la clase política sin darse cuenta que él es un corruptor.

¿Y cómo se termina con eso?

No tengo ni idea. La corrupción en la policía se arregla pagando mejor a los agentes, algunos de los cuales viven en las mismas favelas donde tienen que detener a los narcotraficantes. También se tendría que preparar y armar mejor al cuerpo policial.

¿Es cierto que para Lula la corrupción era un mal menor pero que para Dilma es un problema que hay que cortar por lo sano?

Sin duda. Dilma no podrá erradicar la corrupción política, pero sí la combatirá con muchas ganas. Y gracias a su intransigencia con la corrupción está recuperando gran parte de la clase media.

Según Nepomuceno, para entender Brasil hay que entender las letras de sus cantautores.

Cambiemos de tema pero continuemos en política. La pacificación de la última gran favela del sur de Rio de Janeiro, Rocinha, ¿es una estrategia de marketing o forma parte de un cambio de ciclo para todo el país?

La propuesta política de pacificar las favelas, sobre el papel, es fabulosa: se ocupa militarmente, se desaloja, se limpia de narcos y se devuelve la tranquilidad al barrio. Y luego se instalan servicios básicos. El problema es que estos servicios no han llegado. En Rio hay 1.100 favelas, y sólo se han pacificado las cercanas al centro, donde tendrán lugar el Mundial y los Juegos Olímpicos. Yo soy tremendamente escéptico respecto a estas pacificaciones.

¿Está preparada Rio para albergar estos acontecimientos deportivos?

Para el Mundial, ni en nuestros mejores sueños; y para los Juegos Olímpicos, quizás. Creo que al final todo irá bien porque Rio es preciosa y los cariocas somos muy simpáticos. Los visitantes quedarán fascinados aunque no funcione el transporte para moverse por la ciudad.

¿Qué es lo que le hace sentir más orgulloso de ser brasileño?

La increíble capacidad de alegría que tenemos, algo inexplicable. Somos un pueblo que tiene tendencia a la alegría, además de un país joven muy diverso y con una cultura inclusiva.

Aún ser un crisol de culturas inclusivo, hay racismo…

Muchísimo, pero un racismo disfrazado. Las élites te dirán que no, pero existe. En este país muchos mulatos no se declaran negros, eso ya es sintomático.

¿Y qué es lo que más le avergüenza de sus compatriotas?

El poco empeño en rescatar la memoria; educarse; informarse de lo que pasa en el país, y de punir los punibles.

Hablemos de los medios de comunicación. ¿Cree que es buena la prensa brasileña?

Creo que no. Aquí hay grandes conglomerados mediáticos. En Brasil se pasó un proceso de democratización en todas las esferas menos en la prensa. La prensa brasileña es superficial, aunque muy bien hecha técnicamente. La diferencia entre los medios es de estilo, no de contenido, y lamentablemente no hay prensa alternativa.

¿Cómo ven a Brasil países de la zona que antaño lo miraban de ‘tú a tú’, como Argentina?

Lula cambió la visión que América Latina y Europa tenían de Brasil. Lo de Lula fue una locura. Taxistas en Europa, por primera vez, me preguntaban por Lula y el país. Hoy día los argentinos se han resignado a luchar con Brasil. En general hay una visión positiva del país, felicitaciones del estilo “ustedes sí lograron”.

Así que más que con envidia, los países del cono Sur lo ven con orgullo porque representa a la región en la esfera internacional.

Efectivamente. Mantiene buena relación con todos ellos y representa Latinoamérica en cimeras internacionales. Lula los unió, y eso nunca antes se había hecho. Todo mandatario brasileño decía que en Suramérica todos somos hermanos, pero la diferencia es que Lula pasó del discurso a la acción. Además, grandes empresas brasileñas también están invirtiendo en todos estos países, donde son vistas casi como empresas nacionales. Brasil es ahora el hermano mayor, pero no despierta suspicacias ya que siempre ha actuado buscando alianzas y no ha ejercido el rol de potencia solitaria.

Aparte de periodista usted es escritor y traductor. ¿Disfruta más haciendo una cosa que la otra?

Mi oficio es la palabra escrita. Tengo tres vertientes: escribir lo mío, traducir lo que me da la gana y me gusta, y la escritura alimenticia, es decir, la que me da de comer. Disfruto con las tres facetas. Empecé la traducción por cuestiones afectivas y para mantenerme vinculado a mis amigos que no están en Brasil.

Tener una vinculación afectiva hacia el autor que se traduce, ¿es positivo, negativo o no influye?

Para mí es fundamental. Yo traduzco a mis amigos o a los autores que me instigan.

¿Consulta a los autores o traduce por libre?

Ni consulto ni leo el libro antes. Al traducir quiero tener la sorpresa que tengo cuando escribo. Lo correcto, si hablas con un traductor, es leer el libro antes varias veces. Yo, sin embargo, no trabajo así. Cuando traduje Cien años de soledad hacía más de veinte años que no leía el libro, fue como leerlo de nuevo.

¿Qué lectura nos puede recomendar para entender Brasil?

Recomiendo tres autores: Sérgio Buarque, Darcy Ribeiro y Jorge Amado. Pero para entender a Brasil, además de los libros, hay que entender y escuchar la música. Hay que escuchar a Villalobos; Jobim; Chico Buarque; Caetano Veloso. Si no entiendes la música brasileña no entenderás a Brasil. La música es la gran expresión artística de este país.

A Éric Nepomuceno se le puede seguir en:

Página 12

16 noviembre, 2011

Francho Barón, corresponsal de la Cadena Ser en Brasil

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“La corrupción a nivel político y también a pequeña escala es el puro reflejo de la idiosincrasia popular brasileña”

Francho Barón es un joven periodista con currículum de veterano. Después de terminar Periodismo en Salamanca (España) y un máster de Relaciones Internacionales en la Sorbona (París), fue el corresponsal de Radio Televisión de Andalucía en Bruselas durante seis años. En 2006 decidió cambiar la tranquilidad de Europa por la inestabilidad de América, continente en el que ha cubierto intentos de golpe de Estado, varias elecciones y cumbres Iberoamericanas, entre otros acontecimientos. Actualmente reside en Rio de Janeiro, donde trabaja como corresponsal de la emisora Cadena Ser (España) y el canal Televisa (México), y como colaborador del diario El País (España), Radio France Internacional (Francia) y Deutsche Welle (Alemania).

¿Tras seis años viviendo en Brasil, qué le sorprende aún de este país?

Por un lado la exuberancia de la naturaleza, y por el otro la desigualdad y pobreza. En Rio, desafortunadamente, todo el mundo está acostumbrado a estar anestesiado ante ciertas imágenes cotidianas. Yo hago un esfuerzo diario para seguir impresionando con ese tipo de cosas; no me resigno a tomarlas como algo que hay que aceptar porque sí.

¿Qué le empujó a venir a Brasil para trabajar como periodista?

Principalmente el profundo amor que le tengo a la cultura de este país. Soy un apasionado de la música brasileña desde hace muchos años. Antes de instalarme venía todos los años para pasar dos meses y conocer a los músicos y asistir a conciertos. Ese proceso paulatino me llevó a decidir un día venir a vivir aquí.

¿Es realmente la tierra de las oportunidades del momento, tal y como se empieza a ver desde otras latitudes?

Si no hubiera todas las trabas burocráticas que existen para vivir y hacer negocios aquí, sí que lo sería. En tu día a día lo ves, hay muchos nichos de mercado aún. Un empresario con un poco de dinero y visión puede hacer negocios; te lo dicen los inmigrantes que vinieron aquí hace cincuenta años. Aquí se puede ganar mucho dinero.

A nivel periodístico, ¿es también un gran destino?

No tanto. Nosotros no hacemos un gran negocio, sólo vendemos información. Hoy día, sin duda alguna, sale mucha más información para el mundo que hace diez años, en gran parte gracias al ex presidente Lula, que puso el país en la picota, y también por la evolución socio-económica de los últimos años.

¿Las noticias que interesan fuera de Brasil son las mismas que importan dentro del país?

Cada vez más. Hace años las cuestiones muy específicas de política interna no interesaban fuera, pero ahora se hace un seguimiento específico de la política nacional. Cada vez nos aproximamos más a la agenda de la prensa brasileña. Hay unos grandes temas que siempre están presentes en la agenda mediática: política exterior; petróleo; violencia; desigualdad; y el Amazonas. Pero en cambio, hoy también hay periodistas extranjeros que siguen noticias de clave nacional que empiezan a interesar a lectores de otros países.

¿En los seis años que lleva residiendo en Rio de Janeiro, cree que ha cambiado en algo el país?

Radicalmente. Cuando yo llegué a Rio la ciudad era muy insegura y no se había pacificado ninguna favela. Con el tiempo se ha sofisticado el país; el comercio y el mercado inmobiliario han experimentado un boom brutal; la población tiene la autoestima mucho más alta…hace seis años el brasileño es el que se iba a España a buscar trabajo; hoy el brasileño está muy orgulloso de su condición nacional. El auge económico del país, que en los próximos cinco años aquí se vayan a celebrar Juegos Olímpicos y un Mundial y la reducción de la desigualdad son factores que han mejorado la calidad de vida y autoestima de los brasileños.

¿Este crecimiento se ha dado en todo el país?

Hay zonas que se ha mejorado en menor medida, pero también han mejorado. El proceso ha sido muy evidente en zonas urbanas como São Paulo o Rio de Janeiro, pero es evidente que un habitante del Sertão hoy recibe un par de ayudas del Estado a cambio de escolarizar sus hijos, y esos niños tendrán una educación básica a medio-largo plazo que les permitirá mejorar la calidad de vida que tenían sus padres. No se trata exclusivamente de políticas asistencialistas, sino de un entramado horizontal que toca muchos aspectos del día a día del brasileño. La mejora en el aspecto educativo, gracias a una apuesta muy arriesgada y potente del gobierno de Lula, ya se está viendo, incluso en zonas más desfavorecidas.

Francho Barón en su lugar de trabajo, desde donde informa para diferentes medios de lo que sucede en Brasil

¿Cuál es el principal problema que tiene actualmente Brasil?

Creo que el problema fundamental, del que después derivan otros que también son importantes, es la corrupción. La corrupción a nivel político y también a pequeña escala es el puro reflejo de una idiosincrasia popular. No sólo algunos políticos o policías son corruptos en este país, cualquier ciudadano tiene un alto grado de posibilidades de corromperse, y eso se debe a la laxitud con la que aquí se ve la vida en general, la falta de rigidez. Esa mentalidad se reproduce desde la pequeña escala hasta las más altas esferas. ¿En qué deriva eso? Pues en muchas cosas: el Parlamento no funciona como tiene que funcionar y no se legisla como se debería legislar, por ejemplo, y se acaban aprobando leyes que sólo benefician a unos pocos que hacen grupo de presión. Tienes otras muchas formas de corrupción: ¿qué intereses hay en la construcción de la hidroeléctrica de Belo Monte? ¿Por qué en Rio de Janeiro no llega el metro a determinadas zonas? Pues porque aquí hay una mafia que tiene conexión con el poder que no permiten que haya metro.

¿Cómo se puede cambiar la mentalidad de los brasileños en este sentido?

Es de muy difícil solución. Es una cuestión generacional, cultural y educativa. Aquí falta educación cívica, sobre todo si lo comparamos con los estandartes europeos. Tal vez se erradique disminuyendo la desigualdad en el país y garantizando mejores sueldos. Ése puede ser un buen comienzo.

¿Cuál es la otra cara de la moneda? ¿Qué virtud tiene Brasil que lo hace diferente de los demás países?

La simpatía natural que tienen y su capacidad para la improvisación. A veces improvisan de manera chapucera, pero muy a menudo es necesaria esta tercera vía, y eso en determinadas sociedades no se entiende. Aquí siempre se resuelve toda situación, siempre hay un plan B. A eso le llaman jeitinho.

A parte de este crecimiento económico, el  país sigue estando muy atrás en algunos rankings mundiales. Se ha conocido recientemente que está el número 84 en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que publica la ONU. ¿Se ha cantado victoria antes de tiempo?

Efectivamente. Aunque se haya reducido la diferencia entre los que más tienen y los que menos, ese margen continúa siendo obsceno. Brasil tiene aún mucho camino que recorrer, por muchos discursos triunfalistas que recite el gobierno.

Así pues, ¿se peca de optimismo?

Sí, es natural en el brasileño.

¿Qué lo diferencia de otros países de peso en América como Argentina o México?

Con Argentina no hay comparación. Por la desproporción demográfica y por la musculatura económica que tienen ambos. Brasil ha estado muy limitado por sus políticos muchas décadas. Lula ha sabido colocar a este país donde le corresponde, ni más ni menos. Argentina es un país de corte medio y Brasil es una potencia. En Europa no hay comparación igual. Y respecto a México, creo que ha perdido su oportunidad. Podría ser una gran potencia americana, ayudado por su vecino, los Estados Unidos, pero no lo es. Brasil en cambio tiene un papel hegemónico en América Latina, marca la piedra de toque. Actualmente no se mueve una mosca en el continente sin la aprobación de Brasil.

¿Cuál es el mejor legado de Lula?

Lo mejor que ha dejado es un progreso económico que lleva implícito un desarrollo social.

¿Y qué se le ha quedado en el tintero?

Las grandes cuentas pendientes son la reforma agraria (su gran promesa no cumplida), y la mejora de la educación y la sanidad pública. Entiendo, sin embargo, que ocho años de gobierno han sido pocos para un país que tenía las deficiencias de Brasil.

¿Cuáles son los objetivos principales de su sucesora, Dilma Rousseff?

Profundizar en la tarea iniciada por Lula. El nuevo programa estrella de Dilma, Brasil Sin Miseria, es la continuación de los programas sociales que ya ha aplicado Lula en las dos anteriores legislaturas. Ahora se parte de la base que en este país ya no hay hambre, por lo que se va a intentar mejorar la calidad de vida de la población que vive en condiciones precarias s sin olvidar que el país tiene que seguir creciendo de manera fuerte, como ha hecho hasta ahora. Creo que Brasil les está dando una gran lección a algunos países de izquierdas que han querido llevar al extremo su visión de la política.

¿Es más dura Dilma con la corrupción de lo que fue Lula?

Sin duda alguna. Este es un elemento diferenciador entre ambos. Lula tenía un cierto grado de tolerancia en casos de corrupción, en cambio Dilma está haciendo dimitir a muchos ministros sólo por el hecho de que haya sospecha de culpabilidad, aun sin estar probada en los tribunales.

¿Logrará zafarse de la sombra de Lula?

Creo que ya lo ha hecho. Empezó el mandato siendo una marioneta de Lula, pero ahora no es así. Con esta retahíla de dimisiones se ha quitado de en medio las hipotecas que le había dejado Lula. Su gobierno cada vez tiene más ritmo propio, y tiene mucho mérito ya que es muy complicado sacudir-se la sombra de un político como Lula. Hay que tener en cuenta que cuando Lula se retiró tenía un 80% de popularidad y era adorado por la gente. Dilma tiene un perfil más técnico, de gestión. No tiene el carisma de Lula pero va al grano y parece eficaz.

A Barón se le acumulará el trabajo los próximos años, cuando Brasil acoja primero el Mundial de Fútbol (2014) y después los Juegos Olímpicos (2016)

¿Cómo valora el sector periodístico del país? ¿Goza de buena salud?

La prensa en Brasil tiene unos estándares de profesionalidad muy altos, sobre todo comparado con el entorno geográfico, y hay dinero para invertir en medios técnicos. Sin embargo, hay el mismo clientelismo que puede existir en otros países.

El oficio de periodista aquí es más peligroso que en otros países…

Sí, el riesgo que asumes cuando entras en zonas con gente armada y drogada es mucho mayor que trabajando en la Comisión Europea, por ejemplo. Quien asume más riesgo es el periodista que entra en zonas conflictivas, no sólo en Brasil.

Cuéntenos que le pasó cuando cubría una información en la favela Morro dos Macacos.

Dos días después de la invasión del Morro dos Macacos, donde los narcos derribaron un helicóptero de la policía por primera vez, fui a hacer un trabajo de campo. El gobernador del Estado de Rio de Janeiro había afirmado que la situación en la favela se había normalizado, y yo me desplacé para comprobarlo. Tomé mis precauciones, pero la situación estaba tan tensa que me interceptó un grupo de narcos, me retuvo y amenazó de muerte. Finalmente les pude convencer de que era periodista y me dejaron ir.

¿Esta experiencia le ha condicionado en trabajos posteriores?

No me ha condicionado a la hora de plantearme si cubro noticias como esta; las sigo cubriendo. En cambio, sí que me condicionó psicológicamente la manera de enfrentarme a esas coberturas. Antes no era consciente el riesgo que asumía; ahora, sin embargo, lo tengo muy presente.

¿Qué lectura nos recomienda para entender este país?

Pues primeramente el libro O povo brasileiro, de Darcy Ribeiro. Pero también a João Guimarães Rosa y la poesía de Mário de Andrade. Y de cine recomendaría ver las películas de Fernando Meirelles; Walter Salles; Globe Rocha, y el documental ‘Noticias de una guerra particular’.

A Francho Barón se le puede seguir en:

En la emisora de radio  Cadena Ser

En el diario El País 

Y a través de twitter: @franchobaron

7 noviembre, 2011

Juan Arias, corresponsal de El País en Brasil

Filed under: Brasil — nodisparenalmensajero @ 04:13
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“Brasil va a ser un gigante económico con unos pies muy frágiles en derechos humanos”

El primer entrevistado de este blog es un experimentado periodista vinculado a El País desde su creación. Juan Arias, ex sacerdote, estudió teología, psicología y filosofía en la Universidad de Roma. En la capital italiana inició su carrera periodística, primero en el desaparecido diario El Pueblo, más tarde en la sección cultural de la RAI, y finalmente como corresponsal de El País. Cubrió acontecimientos históricos, como el Concilio Vaticano II, y acompañó al Papa Juan Pablo II en más de cien viajes oficiales. Tras cerca de cuarenta años en Roma, Arias volvió a España, donde se encargó de la relación entre el periódico y las universidades, hizo de defensor del lector e impulsó y dirigió el suplemento Babelia. Desde hace doce años es corresponsal del rotativo del grupo Prisa en Brasil. A parte de su faceta periodística, Arias ha escrito varios libros que han sido traducidos en más de diez idiomas.

¿Tras doce años viviendo en Brasil, qué le sorprende aún de este país?

La vitalidad y la capacidad que tienen de esperanza a pesar de todas las dificultades, como son por ejemplo los doce millones de habitantes que viven en la miseria. Aun con todo, el 71% de la población está convencida que su situación va a mejorar; el contrario de lo que pasa en Europa. Esa actitud aún me sorprende. Además, no reniegan a la felicidad. La primera entrevista que hice fue a la actriz Fernanda Montenegro,  quien me dijo: “la diferencia fundamental con los europeos es que un brasileño nunca se avergonzará de mostrarte que está feliz. En cambio, un europeo no te lo reconocerá nunca”.

¿En qué ha cambiado Brasil en la última década?

Pues que ellos se sentían aislados del mundo y llevaban el peso de la violencia. De cara al exterior sólo contaban para la samba y el futbol, pero Lula consiguió poner al país en el candelero del mundo. Por un lado puso encima del tapete a los pobres, que estaban escondidos; de hecho, la mayoría no podía ni tener una cuenta en el banco. Y otra cosa positiva es el salto económico que ha dado el país en los últimos años. De repente, el mundo ha descubierto las posibilidades de Brasil y ellos han ganado en autoestima. La fuerza de este país son paradójicamente sus deficiencias: invertir en carreteras, puertos, escuelas etc. La clase pobre, que es la mayoría del país, ha entrado en el consumo. Hoy no hay familia que no tenga televisor.

¿Está preparado Brasil para organizar eventos como los Juegos Olímpicos o el Mundial de Futbol?

Ese es el reto. De momento las obras están atrasadas por culpa de la corrupción, un hecho que ha costado la dimisión del ministro de Deportes. Rio ha tomado el modelo de Barcelona y la movilización que se hizo de los barceloneses en el ’92. Las olimpiadas transformaran la ciudad, pero aún no se sabe si llegarán a tiempo.

¿Crece la clase media, pero se polariza económicamente la sociedad?

Las desigualdades siguen siendo enormes, pero aquí ven que hay una parte de la sociedad que está mejorando, así que notan que también les va a tocar a ellos, por eso se esfuerzan en mejorar socialmente y se olvidan de las desigualdades.

¿Hasta qué punto es una utopía su capacidad de mejora?

Para llegar al nivel europeo de democracia, conciencia de los derechos humanos, calidad de vida o cultura necesitan veinte o treinta años. Sin embargo, hay que pensar que Brasil salía de ser un país del tercer mundo y ahora está en el engranaje de las grandes potencias. Europa debe aprender de Brasil a tener esperanza y confianza. Va a ser un gigante económico con unos pies muy frágiles en derechos humanos, desigualdades…

Juan Arias en su casa de Saquarema, cerca de Río de Janeiro

¿La clase política es el principal problema de Brasil?

Sí, ya que el sistema es aún caciquil y eso lleva a la corrupción y la violencia. Hace falta urgentemente una reforma política. Hasta el presidente del Senado, uno de los mayores caciques del país, reconoce que sus nietos no van a aceptar esta manera de hacer política.

Sin embargo, parece que no existe aún una generación de políticos valientes que rechacen beneficiarse con la corrupción…

Es cierto, no la hay. Creo que la actual presidenta, Dilma Rousseff, tiene esa conciencia, pero para poder gobernar necesita el apoyo de doce partidos que le dan su apoyo a cambio de ministerios y parte del pastel. Lo que está haciendo es limpiar y poner gente de su confianza no dominada por el partido, pero no se sabe cuánto es el margen de maniobra que tendrá. A parte de la corrupción, que la hay también en países desarrollados, en Brasil hay una total impunidad con los corruptos; jamás un político va a ir a la cárcel o devolver el dinero que ha robado.

¿Quién puede cambiar esa dinámica?

La conciencia social, que se consigue con una mayor educación. Actualmente, el 50% de los escolares de tercer curso de elemental no saben leer ni escribir y el 75% de la población brasileña apenas sabe escribir su nombre y leer un titular de un periódico. Ése es un problema gravísimo. En los últimos años han conseguido meter a todos los niños en las escuelas con el programa Bolsa Escuela, pero los recursos en las escuelas son inexistentes. No se prepara bien a los profesores para que puedan enseñar. Ahora las familias ya entienden que mejor que una Bolsa Familia lo mejor es que se eduque a sus hijos y que estudien. Hoy se destina un 4% en Educación, mientras los expertos creen que se necesitaría invertir el 10%. Sin embargo, el gobierno distribuye millones de los libros gratis, y ahora va a mandar a 100.000 estudiantes brasileños a estudiar a las mejores universidades del mundo, como hacen los chinos, y eso tendrá un retorno en un futuro. Lula, en cambio, presumía de haber llegado a presidente sin haber estudiado ni hablar idiomas. No hay ninguna foto de él con un libro en la mano.

¿El éxito aplastante de Lula recae precisamente en que el pueblo se identificaba plenamente con él?

Él tuvo inteligencia de político: dejó enriquecerse a la banca y la bolsa y benefició a los pobres. La que más ha sufrido es la clase media, que ahora intenta recuperar Dilma con su lucha contra la corrupción. Lula tiene un gran carisma, sabe hablar el lenguaje de bar, hace los mismos errores que el ciudadano de a pie…en Brasil, el pobre es de Lula.

¿Cree que podrá convencer Dilma a la clase media sin perder el apoyo de los pobres y las clases altas?

Mientras esté Lula los pobres están asegurados. Es muy difícil que Dilma se aleje de Lula. Actualmente se está diferenciando, pero hay que recordar que Dilma fue escogida por él mismo. La eligió porque no es una mujer histórica en el partido, es más bien una buena gestora, así que le sería más fácil volver a presentarse a él en las próximas elecciones. Lula sigue actuando como presidente. El problema es saber qué va a pasar si Dilma lo hace bien, se afirma y quiere mantenerse en el poder. Hay quien asegura que Lula le va a crear problemas, como incentivar huelgas, para desgastarla y volver él al poder.

¿No hay una oposición viable al gobierno actual?

Lula aniquiló la oposición. La única esperanza es el partido de Cardoso, pero el problema es que están divididos. Hoy son los medios de comunicación quien hacen de oposición, los que han forzado, por ejemplo, la dimisión de cinco ministros por causas de corrupción, y eso, en democracia,  no debería ser así.

Uno de los libros más célebres de Arias es 'Jesús, ese gran desconocido'

¿Cuál es el estado de salud de los medios de comunicación en Brasil?

Bueno. Hay calidad, grandes periodistas que no han permitido que se haga ningún recorte en la libertad de prensa. Hay muchos medios de comunicación prestigiosos y hay total libertad para informar de lo que pasa en el país, gracias al respaldo de la población.

¿Y por qué la sociedad civil defiende a capa y espada la libertad de expresión y no tiene fuerzas para luchar contra la corrupción?

Porque como hay un clima de una cierta euforia económica y de mejora la población no se preocupa. Tiene la conciencia de que todos roban, pero como también hacen cosas positivas… Hay un pequeño movimiento consciente del problema, sobre todo en internet, pero no es suficientemente fuerte. ¿Salieron indignados a la calle en España cuando las cosas iban bien y crecía la economía?

¿La violencia continúa siendo uno de los principales problemas del país?

Sí, y es fuertísima. El que provoca la violencia aquí es el tráfico de drogas y armas. En este problema están involucradas parte de la clase política, jueces y policía.¿ Quien reforma la política y la violencia si son los narcos quienes sustentan las campañas de los partidos o sobornan a los jueces? Es un pez que se muerde la cola. Se tiene que acabar con el tráfico de drogas, que alimenta a gran parte de los partidos políticos.

¿Se han hecho avances pacificando favelas en Rio de Janeiro o es un espejismo?

No es un espejismo, es una realidad. Pero una vez pacificadas, ¿dónde van los narcos? A otras favelas. El tráfico de drogas no ha acabado. La diferencia es que ahora no hay disparos entre bandas dentro de las favelas pacificadas, pero la clase media sigue yendo a la favela a comprar droga. Otra consecuencia es que la violencia ha bajado a la ciudad, a los barrios de Rio. La policía está completamente corrompida, y el ejército les vende las mejores armas a los narcos. No se ha hecho una reforma en profundidad de la policía, no hay voluntad política.

¿Acabar con este problema está en la agenda política de la presidenta o los gobernadores estatales?

Teóricamente, sí.

¿Y qué más se espera de Dilma?

Se espera una mayor eficiencia de lo que falta en Brasil: infraestructuras, educación y un mínimo de limpieza de la máquina política corrupta. Además, lo que está haciendo es promocionar mujeres en cargos de responsabilidad, ya que están infrarrepresentadas en las esferas institucionales.

Hace años en España se oía hablar del Movimiento Sin Tierra (MST). ¿En qué se ha quedado?

Ahora es un movimiento sin fuerza ninguna. El problema es que están desfasados. Proponen una reforma agraria impensable en el siglo XXI. No puedes darle un trocito de tierra a una familia; la industria hoy es en grandes extensiones y de producción intensiva.

Hablemos del papel que juega Brasil en la región…

No juega un papel hegemónico, pero América Latina acepta cada vez más la fuerza de Brasil, y saben que tienen que contar con él. Y Brasil ahora se involucra más con sus vecinos, un cambio de actitud positiva impulsada por Lula. En la práctica, hoy Brasil es fundamental en América Latina. Si bien en las escuelas brasileñas se enseña por ley español, en breve tendrán que ser los países hispanohablantes los que empiecen a enseñar portugués. América Latina va a contar mucho más en el futuro en el panorama internacional, sobre todo por sus reservas. Se calcula que en 2030 el 40% de los alimentos que se consuman en todo el planeta provendrán de la región, y una tercera parte del agua potable del mundo está en América Latina, así como el 50% de los bosques.

Parece pues que América Latina es el mejor sitio del mundo donde invertir en estos momentos…

Sin duda alguna. Esto es la meca de los empresarios españoles, por ejemplo. Hasta Venezuela, con sus riesgos y problemas, es un gran lugar donde invertir. En Brasil empresas como Telefónica o Santander son hegemónicas. Hasta los chinos vienen ahora a fabricar aquí.

Usted estuvo trabajando 40 años en Roma como corresponsal primero del diario El Pueblo, luego trabajando para la RAI, y finalmente como corresponsal para El País. ¿Qué es lo que echa de menos de esa época?

La sensibilidad ante el arte y cultura y el carácter italiano. El arte está en los cromosomas de los italianos. Curiosamente, he encontrado aquí en Brasil muchos aspectos parecidos, como ese gusto por vivir o el amor por la estética

¿Con qué ha disfrutado más, cubriendo el Concilio Vaticano II o el Carnaval de Rio?

A nivel profesional con el Concilio, sin duda alguna.

Arias se conecta a diario a internet para actualizar su blog y charlar con internautas

Desde un país emergente como Brasil, ¿cómo se ve la crisis por la que pasa Europa?

Me da mucha pena, pero estoy seguro que el sólido tejido europeo aguantará, no se perderán conquistas democráticas. Los valores clásicos de Europa se habían perdido, eclipsados por una tendencia consumista. En parte, esta crisis será positiva porque redimensionará los problemas y podremos recuperar los valores europeos. Los valores consumistas no estaban haciendo más felices a los españoles ni  a los europeos; cuanto más ricos más insatisfechos.

¿Disfruta haciendo periodismo en Brasil?

Sí, porque es infinito. En realidad son veinte brasiles, es como ser corresponsal para toda Europa. Paradójicamente, aunque es un país muy variado existe una gran unión.

¿Qué lectura nos recomienda para entender este país?

Pues al antropólogo Roberto DaMata, que es quien mejor ha analizado Brasil, y también a João Ubaldo, gran novelista. También es fundamental seguir a articulistas como Merval Pereira, de política, o Miriam Leitão, de economía, ambos pertenecientes al periódico O Globo, y cualquier articulista que escriba en el diario La folha de São Paulo.

A Juan Arias se le puede seguir en:

El País

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