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21 noviembre, 2011

Éric Nepomuceno, periodista brasileño del diario argentino Página 12

Filed under: Brasil — nodisparenalmensajero @ 13:03
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“En Brasil hay racismo disfrazado”

Éric Nepomuceno es un hombre de Letras, en mayúscula. Se marchó de su Brasil natal dirección a Buenos Aires en 1973, donde se inició en el mundo periodístico en un idioma que no era el suyo. Allí trabajó como corresponsal del Diario de São Paulo y colaboró con La opinión y con la revista Crisis, dirigida por Eduardo Galeano. En 1976 se mudó a Madrid, donde fue la pluma en España de la revista brasileña Veja. Empezó entonces a colaborar también con Cambio 16 y con un neonato diario El País, pero tres años más tarde volvió a cruzar el charco para instalarse esta vez en México. Nepomuceno volvió a Brasil en 1983 y trabajó de nuevo para El País, una relación que se alargó hasta 1989. Actualmente es el corresponsal en Rio de Janeiro del periódico argentino Página 12. Además de su faceta periodística, Éric Nepomuceno es escritor y traductor. Ha sido el traductor al portugués de algunos amigos suyos, como Gabriel García Márquez; Julio Cortázar; Eduardo Galeano; Juan Rulfo y otros escritores admirados, como Miguel de Unamuno. Entre sus traducciones se encuentra una joya bizarra, ‘Fuego en las entrañas’, una novela porno que escribió Pedro Almodóvar en 1979 cuando era funcionario de Telefónica.

¿Qué es lo que aún le sorprende de Brasil?

Muchas cosas. Brasil es bajo muchos aspectos un país aburrido, porque aquí las cosas son muy lentas. Y desde fuera es visto a base de clichés. Sin embargo, me sorprende que a pesar de la lentitud los cambios sí ocurran.

Aunque usted diga que se trata de un país que se mueve lento, desde fuera da la sensación que como mínimo en las dos últimas legislaturas ha cambiado a la velocidad de la luz….

Es cierto, pero aquí se percibe después; cuando uno se da cuenta, ya ocurrió. Por ejemplo, nos damos cuenta tarde de que los aeropuertos se quedaron pequeños, que crece la sanidad privada o que hay millones de coches nuevos por las calles… ¿Resultado? El país se colapsa porque la clase media-baja empieza a consumir y no se toman medidas a tiempo.

¿Cree que las nuevas clases medias brasileñas, tal y como ha sucedido en Europa o Estados Unidos, se están endeudando por encima de sus posibilidades?

Creo que es temprano para decir eso, pero el riesgo es inmenso. La ventaja de Brasil es que aquí el sistema bancario está muy protegido; cuando crece el porcentaje de morosos baja el crédito y no se permite un endeudamiento peligroso.

¿Es Brasil un pura sangre desbocado y sin jinetes preparados?

Las élites brasileñas, como las latinoamericanas en general, son groseras; torpes; estúpidas; mezquinas; egoístas y sin preparación. Aquí no hay una nueva generación de emprendedores con visión a largo plazo, y la iniciativa privada brasileña depende demasiado del estado. Tengo miedo a un crecimiento desordenado que escape del control.

¿Lula cambió tanto el país como parece o es una imagen que se ha querido vender?

Se ha transformado mucho. Lula, un hombre sin ideología pero con una intuición de genio, tuvo una gran capacidad de comunicación y la osadía de cambiar el juego, es decir, hizo ingresar al mercado de consumo al mayor contingente de pobres de la historia de Brasil. Y en la crisis mundial del 2008 impulsó el consumo para evitar que Brasil también se hundiera.

¿Este consumo es sostenible a largo plazo o si la crisis persiste en Occidente Brasil no va a tener a quien vender?

Brasil sufrirá, pero ahí viene otra genialidad de Lula. Si tú miras el mapa de exportaciones de Brasil verás que es el más diversificado del mundo. Las exportaciones a Europa o los Estados Unidos tienen un peso relativo. Ahora Brasil exporta mucho a América Latina, África o China.

Éric Nepomuceno compagina el periodismo con las traducciones y la escritura.

¿Dejar de dar la espalda a América es también otro mérito de Lula?

Creo que sí. Lula es un político que viene del mundo sindical, un experto en unir trabajadores contra el patrón. Si tú transformas eso a nivel de país, te das cuenta que más vale que nos unamos los peones o nos comen. En política exterior actuó de la misma manera.

En el escenario nacional también se ha ganado a las clases populares…

A las populares sí, porque era uno de ellos que llegó. En algunas partes de Brasil, las clases medias y altas tienen un prejuicio de clase con Lula. A la banca y el empresariado brasileño los tiene en cambio en el bolsillo, ya que nunca antes ganaron tanto. La banca brasileña es la tercera más lucrativa del mundo, después de Suiza y Hong Kong, y el banco Santander y Telefónica sobreviven gracias al mercado brasileño.

¿Y a Dilma Rousseff le interesa recuperar a la clase media o con las clases populares tiene suficiente?

Dilma tiene consistencia y es una buena gestora, y Lula sabe administrar el juego político, no un país. Si Dilma consigue crear un gobierno más profundo puede llegar a ser mejor que Lula, que fue un presidente buenísimo. Así pues, el nuevo ejecutivo tiene las condiciones de ser más completo que el de Lula, pero el problema es que heredó su el sistema político.

Pero lo está depurando, ¿no? Se está deshaciendo poco a poco del legado Lula…

Dilma, a diferencia de Lula, ha mandado un mensaje muy directo a sus ministros: dejad de robar u os hago dimitir; si llegáis a la prensa os degüello.

¿La corrupción es el principal problema de Brasil o lo que realmente es un problema es que no se castigue a los corruptos probados?

El problema de Brasil es un tercero: la impunidad en el uso de la cosa pública como si fuera privada. Eso sirve para la posesión de la tierra, la salud pública o la educación. Y allí está la corrupción política, que hace parte de una cosa más grande. El problema es que las élites políticas se creen con derecho de disponer elementos públicos de manera particular. La corrupción nace en el Congreso y llega al pequeño pueblo de cualquier estado. Los partidos políticos en Brasil son más federaciones de intereses regionales sin ideología que partidos. Mientras el gobierno de turno necesite el apoyo de tantas fuerzas políticas, habrá corrupción.

¿Cómo se ataja este problema?

La dictadura militar eliminó la vida política y los partidos e impuso un bipartidismo. Cuando volvieron los dirigentes políticos nadie se acordaba de ellos, y se transformaron en concentraciones de intereses locales. Hasta la fecha. Ningún partido tiene proyecto de nación, de país. Debería haber una reforma política en Brasil para que los partidos políticos fueran realmente partidos políticos diferenciados. Aquí hay un transfuguismo brutal. Pero, ¿quién va a reformar la ley de partidos? El Congreso. Y esta reforma no está ni estará en la agenda política. Aquí ningún presidente tiene mayoría, hay feudos dentro de los mismos partidos, y se dividen los ministerios.

Pero es injusto poner la etiqueta de corrupto al país…

El brasileño medio, quizás por una herencia atávica, es un corruptor por principio. Aquí se le llama jeitinho, la manera brasileña de arreglar las cosas. El ciudadano no cree que intentar sobornar a un policía que te va a multar esté mal. El brasileño ve la corrupción en la clase política sin darse cuenta que él es un corruptor.

¿Y cómo se termina con eso?

No tengo ni idea. La corrupción en la policía se arregla pagando mejor a los agentes, algunos de los cuales viven en las mismas favelas donde tienen que detener a los narcotraficantes. También se tendría que preparar y armar mejor al cuerpo policial.

¿Es cierto que para Lula la corrupción era un mal menor pero que para Dilma es un problema que hay que cortar por lo sano?

Sin duda. Dilma no podrá erradicar la corrupción política, pero sí la combatirá con muchas ganas. Y gracias a su intransigencia con la corrupción está recuperando gran parte de la clase media.

Según Nepomuceno, para entender Brasil hay que entender las letras de sus cantautores.

Cambiemos de tema pero continuemos en política. La pacificación de la última gran favela del sur de Rio de Janeiro, Rocinha, ¿es una estrategia de marketing o forma parte de un cambio de ciclo para todo el país?

La propuesta política de pacificar las favelas, sobre el papel, es fabulosa: se ocupa militarmente, se desaloja, se limpia de narcos y se devuelve la tranquilidad al barrio. Y luego se instalan servicios básicos. El problema es que estos servicios no han llegado. En Rio hay 1.100 favelas, y sólo se han pacificado las cercanas al centro, donde tendrán lugar el Mundial y los Juegos Olímpicos. Yo soy tremendamente escéptico respecto a estas pacificaciones.

¿Está preparada Rio para albergar estos acontecimientos deportivos?

Para el Mundial, ni en nuestros mejores sueños; y para los Juegos Olímpicos, quizás. Creo que al final todo irá bien porque Rio es preciosa y los cariocas somos muy simpáticos. Los visitantes quedarán fascinados aunque no funcione el transporte para moverse por la ciudad.

¿Qué es lo que le hace sentir más orgulloso de ser brasileño?

La increíble capacidad de alegría que tenemos, algo inexplicable. Somos un pueblo que tiene tendencia a la alegría, además de un país joven muy diverso y con una cultura inclusiva.

Aún ser un crisol de culturas inclusivo, hay racismo…

Muchísimo, pero un racismo disfrazado. Las élites te dirán que no, pero existe. En este país muchos mulatos no se declaran negros, eso ya es sintomático.

¿Y qué es lo que más le avergüenza de sus compatriotas?

El poco empeño en rescatar la memoria; educarse; informarse de lo que pasa en el país, y de punir los punibles.

Hablemos de los medios de comunicación. ¿Cree que es buena la prensa brasileña?

Creo que no. Aquí hay grandes conglomerados mediáticos. En Brasil se pasó un proceso de democratización en todas las esferas menos en la prensa. La prensa brasileña es superficial, aunque muy bien hecha técnicamente. La diferencia entre los medios es de estilo, no de contenido, y lamentablemente no hay prensa alternativa.

¿Cómo ven a Brasil países de la zona que antaño lo miraban de ‘tú a tú’, como Argentina?

Lula cambió la visión que América Latina y Europa tenían de Brasil. Lo de Lula fue una locura. Taxistas en Europa, por primera vez, me preguntaban por Lula y el país. Hoy día los argentinos se han resignado a luchar con Brasil. En general hay una visión positiva del país, felicitaciones del estilo “ustedes sí lograron”.

Así que más que con envidia, los países del cono Sur lo ven con orgullo porque representa a la región en la esfera internacional.

Efectivamente. Mantiene buena relación con todos ellos y representa Latinoamérica en cimeras internacionales. Lula los unió, y eso nunca antes se había hecho. Todo mandatario brasileño decía que en Suramérica todos somos hermanos, pero la diferencia es que Lula pasó del discurso a la acción. Además, grandes empresas brasileñas también están invirtiendo en todos estos países, donde son vistas casi como empresas nacionales. Brasil es ahora el hermano mayor, pero no despierta suspicacias ya que siempre ha actuado buscando alianzas y no ha ejercido el rol de potencia solitaria.

Aparte de periodista usted es escritor y traductor. ¿Disfruta más haciendo una cosa que la otra?

Mi oficio es la palabra escrita. Tengo tres vertientes: escribir lo mío, traducir lo que me da la gana y me gusta, y la escritura alimenticia, es decir, la que me da de comer. Disfruto con las tres facetas. Empecé la traducción por cuestiones afectivas y para mantenerme vinculado a mis amigos que no están en Brasil.

Tener una vinculación afectiva hacia el autor que se traduce, ¿es positivo, negativo o no influye?

Para mí es fundamental. Yo traduzco a mis amigos o a los autores que me instigan.

¿Consulta a los autores o traduce por libre?

Ni consulto ni leo el libro antes. Al traducir quiero tener la sorpresa que tengo cuando escribo. Lo correcto, si hablas con un traductor, es leer el libro antes varias veces. Yo, sin embargo, no trabajo así. Cuando traduje Cien años de soledad hacía más de veinte años que no leía el libro, fue como leerlo de nuevo.

¿Qué lectura nos puede recomendar para entender Brasil?

Recomiendo tres autores: Sérgio Buarque, Darcy Ribeiro y Jorge Amado. Pero para entender a Brasil, además de los libros, hay que entender y escuchar la música. Hay que escuchar a Villalobos; Jobim; Chico Buarque; Caetano Veloso. Si no entiendes la música brasileña no entenderás a Brasil. La música es la gran expresión artística de este país.

A Éric Nepomuceno se le puede seguir en:

Página 12

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5 comentarios »

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    Comentario por winoptions — 11 julio, 2013 @ 07:50 | Responder

  2. […] internacional del diario Clarín, y la que le hice a un tótem del periodismo sudamericano, Éric Nepomuceno, en Río de […]

    Pingback por Daniel Gutierrez Abella, billete abierto en Sudamérica » — 27 enero, 2014 @ 10:04 | Responder

  3. […] Por Eric Nepomuceno […]

    Pingback por Brasil, 50 años después: la verdad y la impunidad | Barrio Cuba — 31 marzo, 2014 @ 02:54 | Responder

  4. […] Por Eric Nepomuceno […]

    Pingback por Brasil, 50 años después: la verdad y la impunidad | Auca en Cayo Hueso — 31 marzo, 2014 @ 12:06 | Responder

  5. […] la cuestión de las telecomunicaciones”, indica en un artículo el periodista brasileño Eric Nepomuceno. Esto no llamaba la atención en el Brasil de Collor de […]

    Pingback por “Cuando llora Brasil” – Notas y columnas de Felipe Caorsi — 21 marzo, 2016 @ 18:58 | Responder


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